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I Domingo Cuaresma |
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I Domingo Cuaresma
22 de Febrero de 2026
(Consulte el Archivo para ver reflexiones pasadas y futuras.)
Génesis 2:7-9, 3:1-7; Romanos 5: 12-19; Mateo 4: 1-11
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Domingo Cuaresma (A) |
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1. -- Kathleen Maire OSF <KathleenEMaire@gmail.com>
2. -- P. Jude Siciliano OP <FrJude@JudeOP.org>
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1.
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Cada año empezamos la cuaresma con un relato de las tentaciones de Jesús en el desierto. Es importante darse cuenta de que Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto. El Espíritu le está llevando a un lugar aislado donde Jesús no tiene las distracciones de compañeros, de trabajo, ni de las necesidades urgentes de la gente. En el desierto, Jesús queda solo con Dios, entrando en una deliberación acerca de los varios caminos que él puede seguir en su misión. El relato nos da una idea de lo que nosotros también tenemos que enfrentar en la vida, varias decisiones acerca de cómo nosotros vamos a proceder durante la vida.
El evangelista nos pinta un episodio dramático entre el diablo y Jesús. Vemos que hay tres posibilidades que parecen como tentaciones. Hay la posibilidad de responder a las necesidades de la gente, por ejemplo, dándoles pan. Con eso, Jesús iba a quedarse muy popular y podría atraer a mucha gente a su mensaje. Pero Jesús sabía que su misión era satisfacer al hambre espiritual de la gente.
También Jesús hubiera podido enfocarse en signos milagrosos, atrayéndole a la gente por los prodigios, como algunos predicadores de este tiempo. Pero él sabía que no era bueno usar el poder divino solamente para atraer seguidores. Y finalmente, Jesús hubiera podido dejarse llevar por el poder físico. Él hubiera podido confiar en la conquista de tierras, el control de varias razas, el uso de fuerza y violencia para mantener control. Sabemos que la gente estaba esperando un Mesías que pudo sacarles del dominio de los romanos. Pero Jesús se entregó a la voluntad del Padre, no a su propia voluntad.
Este evangelio nos demuestra la naturaleza humana en su mejor momento. Jesús entra en una batalla con estas tentaciones y sale victorioso. Él rechaza cualquier posibilidad que no está en línea con la voluntad de su Padre. No se deja distraer con las posibilidades que llevan a su propia popularidad, en la satisfacción de las demandas materiales de la gente o en la idea de que Dios va a destruir los enemigos de Israel. Se aclara su convicción de que Dios le está llamando a seguir un camino de humildad, de servicio, y de verdad. Al fin de cuenta, Jesús es capaz de seguir la ruta de la fidelidad, incluyendo el sufrimiento y hasta la muerte que tal camino lleva consigo.
Así podemos entender el Evangelio como buena noticia. Nosotros también tenemos que pasar por muchas tentaciones en la vida - la tentación de hacer lo menos posible, la tentación de usar medios como la opresión o control, la tentación de buscar la ruta de la popularidad en vez de la fidelidad. Tantas y tantas tentaciones se nos presentan en la casa, en el trabajo y en la calle. Pero la buena nueva es que, si buscamos la ayuda del Espíritu, podemos vencer y salir de estas tentaciones con la gracia de Dios.
Es verdad que la Cuaresma es un momento para reconocer nuestra debilidad y pecado, pero es también un momento para aprender de nuevo que Dios está lleno de compasión y de misericordia. Entramos en la Cuaresma atentos no solamente a las debilidades de nuestra alma, pero también los pecados de control y opresión que vemos en el mundo. Vemos la falta de entrega en los políticos que ponen su propio bien encima del bien del pueblo, especialmente el pueblo hispano. Vemos la falta de voluntad de ayudar a los inmigrantes que sufren de hambre y de exilio. Vemos la violencia que deja muerto gente inocente. Tal vez esta Cuaresma, podemos llevar todos estos pecados a los pies de Dios y pedir que su misericordia y compasión nos den la fuerza de ayudar en la resolución de tales conflictos.
Kathleen Maire OSF <KathleenEMaire@gmail.com>
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2.
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“PRIMERAS IMPRESIONES”
1er DOMINGO DE CUARESMA (A)
22 de febrero de 2026
Génesis 2:7-9; 3:1-7; Salmo 51; Romanos 5:12-19; Mateo 4:1-11
Por: Jude Siciliano , OP
Queridos predicadores:
El Miércoles de Ceniza fue un recordatorio aleccionador: esas horribles cenizas untadas en nuestras frentes espolvoreaban nuestras chaquetas y suéteres. Rápidamente nos las sacudimos del pecho. Quizás las de la frente duraron un poco más. Qué desolador recordatorio de nuestra fragilidad; dicho sin rodeos, todos enfrentamos una sentencia de muerte. Nacimos y tendremos un fin. No podemos escapar de nuestra condición de criaturas. Al reflexionar sobre nuestros éxitos, logros y dominio, ya sea como individuos o como nación, sabemos que, en última instancia, son limitados. La parca vendrá y nos llevará, junto con nuestros seres queridos y todos nuestros proyectos. Después de un tiempo, nuestros nombres caerán en el olvido. ¡No es una forma alegre de empezar una reflexión dominical! Esos son pensamientos morbosos, ¿verdad?
Pero debemos afrontar la verdad sobre quiénes somos para vivir con perspectiva; en otras palabras, vivir nuestra vida verdadera. El Génesis nos recuerda que si reconocemos que somos criaturas de polvo, también podemos expresar nuestra creencia de que el Eterno ha puesto en nosotros un aliento vivificante. (“Dios formó al hombre del barro de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida...”). Este aliento nos orienta hacia Dios y nos llama a seguir sus caminos. Si no lo hemos estado haciendo, la Cuaresma es una oportunidad para hacer los ajustes necesarios; en otras palabras, para “reformarnos”.
El Evangelio nos recuerda que durante la Cuaresma podemos afrontar la muerte, o cualquier cosa que amenace nuestra vocación de seguir a Dios, sin temor, porque Jesús ha entrado en nuestra experiencia del desierto y ha salido victorioso. Nos ha precedido en el lugar de la tentación, el desierto, y puede ayudarnos a superar nuestros propios desiertos, los lugares donde, como los israelitas, nos desviamos del camino. No tenemos por qué tener miedo, no estamos solos y hoy, en esta Eucaristía, Jesús mismo nos alimentará, el pan del desierto que nos da vida. Hay consuelo para nosotros en esta Cuaresma, incluso al reflexionar sobriamente sobre nuestras vidas, porque se nos ha dado la esperanza de que Jesús ha mirado a nuestra oscuridad, nos ha visto allí y ha venido a rescatarnos. Así como Dios rescató a los israelitas en su peregrinación, Dios viene de nuevo a buscarnos, a traernos a casa.
John Kavanagh , SJ, afirma que la Cuaresma es nuestro Yom Kipur cristiano, nuestro tiempo de autoevaluación crítica. Es un tiempo para reflexionar, reconsiderar y ser más conscientes de nuestras limitaciones, nuestra mortalidad y nuestra necesidad. Es, en otras palabras, un tiempo para recordar que nuestras vidas necesitan y pueden ser transformadas por la gracia. Una vez más, por medio de Cristo, Dios infunde en nosotros un Espíritu vivificante. Este polvo que somos tiene su origen y destino en Dios.
Tenemos cuarenta días por delante para tomar decisiones. Es tiempo de enfocarnos; es como ir a un examen de la vista y que el optometrista te coloque esos lentes ajustables y te pregunte constantemente: "¿Está más claro ahora? ¿Y ahora?". Tenemos cuarenta días para elegir maneras más positivas de mirar y actuar. Las Escrituras serán como los lentes que el optometrista coloca ante nuestros ojos. No pensábamos que tuviéramos problemas de visión, pero luego nos dieron unos mejores lentes y las letras borrosas se aclararon. Así que, esta Cuaresma, al escuchar las Escrituras y tomarlas en serio, nuestra visión se aclarará. Aprenderemos lo que Jesús nos enseñó en el desierto: "No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Dios quiere insuflarnos nueva vida a través de la Palabra vivificante.
Los jugadores de béisbol comienzan los entrenamientos de primavera. Necesitan este tiempo para prepararse para el inicio de la temporada y la larga temporada de juegos que los llevará al otoño y posiblemente a la contienda por la Serie Mundial. Sin este tiempo de preparación, tendrán un mal comienzo y no lograrán completar la temporada con éxito. Al igual que estos atletas, cada año, año tras año, necesitamos la Cuaresma. Necesitamos un tiempo para reenfocarnos. Necesitamos un tiempo para renovar nuestros votos bautismales, nuestro compromiso con Cristo y nuestra profesión de fe. Reconocemos nuestra pecaminosidad y nuestra tibieza al evangelio; pero, más aún, miramos a Aquel que nos salva. Durante la Cuaresma, recordamos que podemos liberarnos del pecado por la gracia de Dios.
La reforma en Cuaresma es tanto para el individuo como para la comunidad. Juntos, especialmente en estas liturgias, estamos llamados a escuchar más atentamente la Palabra y a actuar conforme a ella. Al escuchar, nos unimos más profundamente, escuchamos nuestra historia familiar y la asumimos como la que queremos creer y vivir. Podríamos, entonces, convertir en práctica cuaresmal el prestar más atención a estas lecturas e incluso prepararnos para la liturgia leyéndolas y reflexionando sobre ellas con antelación. (La mayoría de las parroquias incluyen las lecturas del próximo domingo en el boletín; el predicador podría referirse a esto). Las lecturas nos desalentarán, e incluso expondrán, nuestro pecado. Pero esto no es para cargarnos de culpa, sino para denunciarlo y proclamar la misericordia de Dios. Por lo tanto, la Cuaresma es un tiempo de alegría en el que tomamos mayor conciencia de la gracia salvadora de Dios para nosotros.
En la lectura del Génesis, tenga cuidado de no exagerar el hecho de que Eva comiera el fruto por primera vez. Durante demasiado tiempo, las mujeres han sido retratadas en la religión, la literatura y las culturas del mundo como tentadoras. La "caída" de la gracia es nuestra historia humana, no culpa de una primera mujer o un primer hombre. En el relato del Génesis no escuchamos una narración histórica basada en hechos reales. Sino que escuchamos la verdad: los seres humanos se han alejado de Dios. En la narrativa del Génesis, observamos a Dios creando amorosamente a los humanos, "a mano", infundiéndoles la vida divina y plantando un hermoso jardín para que disfrutaran. Pero ellos se alejaron de Dios: la historia humana hasta nuestros días.
Nadie necesitaba decirnos eso, conocemos los efectos personales y sociales del pecado en los seres humanos, las instituciones y el hermoso jardín de Dios: el mundo natural. No podemos culpar a Adán y Eva por algo que hicieron "en aquel entonces"; más bien, debemos asumir la responsabilidad en nuestro tiempo y lugar por las decisiones que tomamos. "El diablo me obligó a hacerlo" es una excusa poco convincente para lo que hemos hecho o dejado de hacer. Al igual que Adán y Eva, tenemos una barrera de resistencia contra las tentaciones, el glamour y las falsas promesas del pecado.
Afortunadamente, no nos hemos quedado solos. El Evangelio nos muestra que Jesús tenía más poder que el pecado. Con él podemos vencer lo que no hemos podido lograr por nuestra cuenta. Jesús resiste la tentación de satisfacer su hambre multiplicando el pan. También resiste la tentación de atraer multitudes con prodigios y milagros espectaculares. Dios le proveerá a él y a nosotros el alimento que realmente necesitamos, cuando lo necesitemos: nuestro "pan de cada día".
Jesús también resiste la tentación de vivir la vida con calma, esperando que no le sobrevenga dolor ni daño. Como el "amado", ¿no debería esperar que Dios lo proteja? Y, si Dios nos ama, ¿por qué debemos sufrir? Jesús no duda del amor de Dios por él, incluso cuando cae en manos de quienes lo odian y rechazan su mensaje.
Jesús podría haber poseído el mundo con todo su poder y esplendor. Eso sin duda habría atraído multitudes a su mensaje. Pero Jesús mantuvo la mirada fija en su Dios y no se desvió de su llamado como siervo para convertirse en gobernante terrenal. Por su fuerza somos fortalecidos. Gracias a su visión clara, podemos ver la diferencia entre lo atractivo, pero pasajero, y lo que tiene valor perdurable y ofrece vida.
Acerquémonos hoy a la Eucaristía conscientes de nuestra profunda hambre de Dios, que nos da la vida de Jesús para fortalecernos y su Espíritu para guiarnos en nuestra particular lucha en el desierto.
RESPUESTA DEL LECTOR:
Solo una nota sobre Eva. La última vez que aparecieron estas lecturas, uno de sus lectores sugirió que necesitábamos una nueva historia porque Eva fue tentada por ser el personaje más débil, y eso no encaja muy bien hoy en día.
De hecho, Eva no es el personaje más débil. Es la única criatura que no fue hecha directamente del polvo, una especie de clonación divina mediante una costilla. (En hebreo: ¡una chuleta!). Según el mito, ella es la primera persona en discutir, reflexionar y responder a una pregunta sobre lo que Dios ha dicho. ¡Es la primera teóloga!
Recuerden que, según el mito, ella aún no había nacido cuando Dios le ordenó a Adán no comer del árbol. Y cuando la serpiente le preguntó: "¿No se te permite comer de ningún árbol del jardín?" (Esa forma de decirlo todo o nada que adoran los puritanos, tanto protestantes como católicos), ella corrigió a la serpiente diciendo que solo hay un árbol en el centro del jardín... y que no podemos comerlo, ni siquiera tocarlo, ¡o moriremos! La adición de morir por tocar el fruto o el árbol debe haber sido hecha por la única persona que estaba allí cuando se dio la ley, a menos que el Señor le diera la orden de nuevo a Eva.
La serpiente justifica por qué Dios habría mentido: Dios no quería que supieran lo que está bien y lo que está mal, porque eso les daría poder y seguridad. Además, ¡Dios no quería que fueran tan inteligentes como Él!
La mujer da tres buenas razones para comer la fruta.
1. Es bueno para la alimentación (nutritivo)
2. Es atractivo a la vista (razones estéticas)
3. Te hará sabio (¡experiencia educativa!)
Solo entonces come, y le da a su esposo, que está con ella durante toda la conversación, y él come sin pensarlo dos veces. ¿Quién es más débil? Cuando Dios le pregunta dónde está Adán y qué ha hecho, a primera vista parece que el hombre culpa a la mujer por darle la comida, ¡pero no es así! «La mujer que me disté; me dio y comí». Adán, en realidad, culpa a Dios por comer la fruta. Entonces, ¿cuán fuerte es eso? Eva culpa a la serpiente por seducirla, cosa que la serpiente hizo...
En lugar de que los hombres nos consideremos como Adán en la historia y pidamos a las mujeres que se consideren como Eva, pensemos todos en nosotros como Adán cuando nos sentamos como troncos, sin reflexionar, escuchar ni preocuparnos, y luego caemos en la tentación. Y pensemos en nosotros como Eva cuando somos más...
escrupulosos que Dios con las reglas, o cuando nos dejamos engañar por una escena de tentación que pretende ser una discusión teológica, o cuando podemos pensar en al menos 3 buenas razones de "experiencia de crecimiento" por las que deberíamos hacer lo que la voz de Dios nos dice que evitemos.
Reverendo Dr. Steve Wayles (Primera Iglesia Congregacional UCC, Phoenix, Arizona)
Haga clic aquí para obtener un enlace a las lecturas de este domingo:
https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/022226.cfm
P. Jude Siciliano, OP FrJude@JudeOP.org
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