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DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO -B- 11.29.2020

 

Disculpas que no tenemos Homilías Dominicales corrientes para mandarles esta semana. En su lugar, le mandamos una reflexión de nuestros archivos.

 

Paz en Cristo,

Homilías Dominicales


 

DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO -B- 12.03.17

Sr Kathleen Maire, OSF

 

Isaias 63:16b-17, 64: 2-7

1Coreintios 1: 3-9

Marcos 13: 33-37

 

Es casi imposible no reconocer que ya estamos en tiempo de preparación para la Navidad.  Las tiendas, la propaganda, la música, los adornos de las calles, la expectativa de los niños- todo eso es como una sinfonía de sonidos anunciando la llegada de Navidad, o por lo menos un aspecto de la celebración.  Pero la Iglesia hoy nos invita a pensar en otra realidad, el verdadero sentido de la fiesta, o sea la llegada de Cristo y el sentido en nuestras vidas y nuestra historia.

 

El Adviento o las cuatro semanas antes de la Navidad es un tiempo de espera.  Todos tenemos muchas experiencias de espera- en las agencias, la tienda, el banco, la oficina del doctor, la parada de buses y trenes.  En cada uno sabemos exactamente lo que estamos esperando.  Es un poco diferente con El Adviento.  No estamos esperando le nacimiento de Jesús, porque Jesús ya vino hace dos mil años.  Ni estamos esperando el fin del mundo como los primeros cristianos.  La historia nos ha enseñado que no sabemos cuándo esto vendrá.  Lo que estamos esperando es la apariencia del Reino de Dios, es esta apariencia viene poco a poco, y solo con nuestra colaboración.

 

Estamos de verdad anhelando la llegada de Reino, una paz y de reconciliación.  Lo estamos anhelando porque no podemos aguantar más un mundo de violencia y de odia, de malicia y de mentira.  No podemos aguantar más un mundo de opresión contra los pobres y oprimidos.  No podemos aguantar más un mundo que funciona según el mandato de dinero.  Queremos que venga el reino de justicia y de reconciliación, de compartir y de paz, de compasión y de generosidad.  Queremos que venga un mundo de esperanza, donde hasta los más desdichados esperen alivio.  Queremos que venga un mundo basado no en la experiencia humana, sino en la promesa de Dios.

 

Podemos tener esperanza porque hemos visto signos de este Reino, signos en la bondad de nuestros familiares y amigos, signos en la generosidad de nuestros papas y abuelos, signos en el sacrifico de esposos por el bien de sus hijos, signos en la entrega de nuestros compañeros en la Iglesia.  Sabemos que el poder de Dios puede vencer lo malo, y entonces vivimos en esperanza.

 

Lo que escuchamos en la primera lectura es el lamento del pueblo, un lamento por la manifestación del Reino que la gente esperaba.  Tal vez es la oración perfecta para nosotros, porque nuestras esperanzas no se han manifestado todavía.  Sin embargo, seguimos rezando como la gente de Israel, pidiendo que Dios se haga presente con su justicia y su poder.  Las lecturas nos urgen que nos movamos de nuestras quejas a una actitud de confianza.  O sea, que tenemos que esperar en confianza.

 

En estos días cuando hay tanta confusión y estamos preocupados por las detalles de nuestra celebración familiar, es importante recordar cada día, que tenemos responsabilidad por la llegada del Reino de Dios.  Todo los que anhelamos: paz, compasión, generosidad, justicia, reconciliación y amor, vendrán solamente por medio de nuestro esfuerzo y trabajo.  Debemos incluir los trabajos del Reino como parte integral de nuestra preparación.

 

<KathleenEMaire@gmail.com>

 


 

DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO –Ciclo B-

Noviembre 27, 2011

 

Fr. Isidore Vicente OP

 

TEMA: “Comenzar de nuevo con Esperanza Firme”

Lecturas:  Isaías 63: 16-17. 19 y 64: 2-7; I Cor. 1: 3-9; Marcos 13: 33-37

 

I.- INTRODUCCIÓN:

1.       Casi sin darnos cuenta el ritmo de nuestra oración en este Domingo y de la Liturgia entera ha dado hoy un giro completo. Estamos ante una página en blanco, una página nueva para comenzar una vida nueva, un camino nuevo.  Estamos en el tiempo de Adviento, tiempo de plenitud, de gracia, y de esperanza.  Hoy la comunidad cristiana se reúne de nuevo en esta asamblea del Domingo, alrededor del altar, con unas oraciones, unas lecturas y unos símbolos externos diferentes de lo que hemos visto y celebrado en los meses anteriores.  Hemos asistido y celebrado durante mucho tiempo, 33 Domingos, el Tiempo Ordinario del Año, que parece que iban a durar para siempre.  Pero, este mismo Domingo anterior al día de hoy, ya la Liturgia nos preparaba para este cambio de Adviento.

 

2.      En el pasado Domingo, la Iglesia celebraba la Solemnidad de Cristo Rey, Rey de la Creación y Rey de un reino que no es de este mundo.  Él, dice San Juan, es el “Alpha y la Omega, el Principio y el Fin de todo” (Rev. 21: 6).  Este principio es algo siempre nuevo y siempre grande, y es a lo que queremos prepararnos para celebrar de nuevo en este tiempo de Adviento que comienza.  Queremos recordar y celebrar de nuevo la generosidad del Padre, que, desde toda la eternidad, preparó al que iba a ser enviado como LOGOS, la Palabra que el Padre dice que vendrá y pondrá su tiene da entre nosotros, y se hará carne en el tiempo para que los humanos puedan contemplar las maravillas de Dios.

 

 

3.      Adviento es otro esfuerzo de cada uno, ayudado por la Gracia de Dios, de BUSCAR A DIOS, otra vez, en un nuevo año, en un nuevo ciclo, con una nueva esperanza.  El tiempo de Adviento es un tiempo de Gracia, sabiendo que todos estamos en proceso y que la vida de plenitud en Dios y de servicio a los demás, está por hacer.  A pesar de las tinieblas que se ciernes sobre el mundo de hoy, a pesar de las guerras, de la oscuridad y de la muerte, el Adviento nos invita a mirar a este mundo, con esperanza, con optimismo, ya que ha sido un mundo redimido por el Hijo de Dios, que ya ha venido al mundo.   Pero en medio de esa oscuridad el cristiano de nuevo renueva su Fe, su esperanza, y es testigo viviente de otro estilo de vida, de un Reino de ahora y del Fin de los Tiempos, reino que Jesús quiere que sus discípulos sigan encarnando como testimonio de su persona, de su venida y de su doctrina.

 

4.      Adviento, pues, es tiempo de ESPERANZA.  Esta esperanza hace referencia a algo que todavía no poseemos, por lo menos en su plenitud.   Hoy día se habla de posesión, de seguridad, de previsión hacia el futuro.  Pero estos conceptos implican otro concepto de autosuficiencia, de control de la vida y de nuestro futuro.  Nuestra Fe nos dice que somos dependientes de Alguien y que los tiempos no nos pertenecen a nosotros y que todos vamos en este camino escatológico hasta el final de los tiempos, construyendo un mundo mejor, de justicia, de amor y de paz, empezando por nosotros mismos y después ofreciendo este testimonio de vida ante los demás. Adviento es un tiempo de búsqueda de Dios y de su reino.  Es tiempo de esperanza para construir un mundo nuevo.

 

 

II.- REFLEXIÓN BÍBLICA:

 

Primera Lectura:  Isaías 63: 16-1, 19 y 64:  2-7

1.      La historia del pueblo de Israel es bien conocida por todos nosotros. Estas lecturas del Antiguo Testamento nos ofrecen una posibilidad para adentrarnos en los sentimientos de ese pueblo escogido por Yahvéh, pero que ha abandonado las Alianzas de Abrahán, Noé y Moisés.  Un pueblo que ha sido castigado con por los imperios fuertes de Egipto, Siria, Asiria y Babilonia.  El pueblo reconoce que tanto sufrimiento es debido al pecado colectivo y personal. Pero este Dios que ha permitido tanto sufrimiento, incluso los exilios en Egipto, y el de ahora de Babilonia, ha prometido que será “su salvador” si se arrepienten de haber roto la Alianza y vuelven su corazón hacia Él.

 

2.      El pueblo ya celebra su vuelta y a través de este Tercer Isaías se lamenta del aparente abandono en que han encontrado el pueblo, el templo, la tierra, como si Yahvéh Dios se hubiese olvidado de ellos.  La lectura de esta parte del Tercer Isaías es como un “Lamento” o un grito con el que oran a Dios. Y dicen: “¿Porqué nos dejas errar fuera de nuestros caminos y endureces nuestro corazón de tal manera que no te temamos? (v.17). “¡Ojalá los cielos se quebraran y bajaras hasta nosotros, lleno de misericordia hacia la casa de Israel! (64,1).  Es una oración de angustia ante tanta desolación y abandono.  Yahvéh Dios oye la oración de su pueblo y en la plenitud de los tiempos Dios va a bajar del cielo, y vendrá a ser el Dios cercano, que vive en nosotros, el Emmanuel.  Por eso la Liturgia quiere que nosotros también suspiremos por ese Dios, salvador y redentor, que venga al mundo, necesitado una vez más de esta salvación.

 

3.      En Adviento tenemos la oportunidad, de nuevo, de oír y leer sobre la Historia de nuestra salvación.  Es a través de las Lecturas de los Profetas Isaías y Jeremías, sobre todo, donde encontramos nuestros sentimientos, en los sentimientos de Pueblo de Dios, de contrición, de alabanza, de necesidad, de espera, de fruición.  A veces como los Israelitas que volvían del destierro nuestra vida se impaciente porque no vemos de cerca la intervención de Dios.  Pero en medio de esta angustia, el cristiano ahora ya es poseedor de la virtud de la confianza y de la fidelidad de Dios. Él siempre camina a nuestro lado nos ofrece su gracia para comenzar de nuevo, preparar nuestro camino, y llegar un día a la meta prometida.

 

Evangelio:  San Marcos 13: 33-37

 

1.      Una de las realidades que parece estaban muy presentes en la mente de los primeros cristianos era que el final del mundo estaba al llegar.  Las palabras del mismo Jesús: “no pasará una generación antes de que todo esto suceda” (Mateo. 24:34), había hecho mella en el ánimo de la comunidad cristiana.  Marcos, que escribe para esta comunidad de los gentiles conversos, quiere dejar bien claro el mensaje de Jesús sobre el final de los tiempos.  “Estén alerta” y “Manténganse en estado de vigilancia porque no se sabe cuándo va a llegar la hora” (Marcos 13, 33 y ss.).  Esa hora no va a ser solo la hora del fin del mundo, en su manera de concebir las cosas, sino sobre todo la hora de la manifestación solemne del Hijo el Hombre, Jesús.  Es por tanto la hora de la espera vigilante, aquella que debe acompañarnos siempre en nuestra vida mortal.

 

2.      Estas palabras del Evangelista San Marcos (como también las de San Mateo en su lugar paralelo (Capítulo 24) reviste un estilo apocalíptico que muchas veces no es bien entendido y que puede dar causa a una reacción negativa o de miedo a la destrucción y al desastre.  La literatura apocalíptica, fuera en tiempos de los Profetas, o de los Evangelistas, surge en Israel sobre todo en los tiempos de sufrimiento, de presión y de persecución.  Las primeras comunidades cristianas ya experimentan la persecución de la sociedad secularista, encabezada por los líderes romanos, y sus agentes en el mundo conquistado del imperio romano.

 

3.      Los seguidores de Jesús, entre el año de su muerte (33 AD) y los años de la aparición del Evangelio de San Marcos (probablemente alrededor del año 60-62 AD) ya se han enfrentado a situaciones de peligro.  Marcos escribe el evangelio en Roma, y su doctrina es la doctrina de Pedro, según la tradición más antigua.  Por eso San Marcos es consciente de la persecución de los primeros cristianos en Roma, y de ahí la exhortación a que permanezcan en fidelidad, firmes en la fe.  En vigilia, velando porque el enemigo está acechando y no se sabe cuándo llegará la hora. De ahí la llamada a la ESPERANZA en la plenitud de la vida, sin importar los sufrimientos del presente. Jesús va a retornar en una manifestación solemne de su poder y los que han sido fieles en la fe, obtendrán la salvación eterna.

 

III.- SUGERENCIAS PASTORALES: En vista a lo antes expuesto, podemos hablar de tres actitudes a considerar:

1.       La actitud de silencio interior:  La invitación a la vigilancia del evangelista San Marcos presupone una actitud de recogimiento interior, de silencio.  Hay que prestar una atención mayor en estos tiempos de gracia.  Solamente la persona atenta y reflexiva puede estar bien dispuesta a entrar en relación con este Dios que viene de nuevo.  Lo opuesto a la atención es la distracción.  Por desgracia nuestro mundo moderno, y sobre todo en este tiempo pre-navideño,  nos llena de ruidos, imágenes y sensaciones transitorias,  que nos resta la atención necesaria para entrar más profundamente en el misterio de Dios.  El peligro más grave es el de vivir distraídos ante el tema fundamental de la vida y de este Adviento: La preparación para la venida de Cristo Nuestro señor al final de los tiempos, la preparación para la eternidad que está cada vez más cercana.

 

2.      La actitud de la vigilancia: En el Evangelio, San Marcos nos lo repite: ¡Estén atentos, Velen…Vigilen, estén alerta!.  En el original griego todo ello equivale a “quedarse sin dormir”.  La gran tentación es la de quedarse dormidos en medio de la noche.  En la Biblia la noche es el símbolo de la acción del maligno que siembra la cizaña de noche, del rechazo de la luz y de la traición de Judas.  Nosotros no somos ni de la noche ni de las tinieblas.  De ahí que nuestras acciones sean luz en nuestra vida e iluminen con ello a los demás.

 

 

3.      La actitud de las buenas obras:  El pecado es ante todo una ruptura con la obra de salvación de Dios.  Una ruptura con la relación que la persona debe tener con Dios y de obediencia a su voluntad.  La mejor preparación, por tanto, para la celebración de los misterios de nuestra Fe, es una vida digna, libre de pecado, centrada en la oración.  Cada uno de nosotros puede escoger tiempos o lugares para esta oración, sea a través de la oración pública de la Iglesia, en la Eucaristía, o en la oración de cada día, bíblica, de lecturas, de devoción, para así poder centrar mejor la atención del alma en Dios y darle gracias y alabarle por su infinita misericordia con el mundo.  El pecado y el maligno hacen su acto de presencia en el mundo de una manera continua, al ver las guerras, los odios, las muertes, le persecución llamada legal de los mismos inmigrantes, la explotación de nuestros semejantes, sobre todo de los más humildes e indefensos.  Los pobres.  Hay un mundo mejor por hacer, un reino de Dios que construir. Adviento nos invita a hacer algo, aunque sea pequeño, cada día, como consecuencia de nuestro silencio y de nuestra oración, para mejorar la vida de los desposeídos de este mundo.   Dios siendo rico, se hizo pobre, para ayudarnos a ver en el más pequeño y en el más pobre la imagen y la cara de nuestro Dios.

 

CONCLUSIÓN y CONEXIÓN EUCARÍSTICA:

 

1.       Los cristianos centran su vida en la persona y en el mensaje de Jesús, que ha venido en la plenitud de los tiempos a ofrecernos la salvación del Padre.  Ante un mundo que a veces parece que vive de espaldas al hecho real de la venida histórica de Cristo al mundo, los que siguen al Maestro de Nazaret tratan de encarnar en sus vidas ese mensaje de salvación.  Ello quiere decir que frecuentemente puede y debe ser CONTRACULTURAL, como el que nada contra la corriente en la misma sociedad.  Es la tarea del testimonio ante los demás.

 

2.       Otro Año Litúrgico Nuevo.  Una nueva oportunidad ante la gracia de Dios.  Muchos que estaban con nosotros el año pasado, ya no están.  Han partido hacia la casa del Padre.  A nosotros se nos concede la gracia de comenzar de nuevo, de vivir fielmente el presente y de mirar al futuro con ESPERANZA, de que podemos hacer algo más por construir el reino de Paz que Jesús nos ha traído con su venida.   Nosotros, como Jesús, también podemos ser un LOGOS, una palabra de esperanza para este mundo.  La salvación cristiana tiene su actualización plena aquí, en esta Eucaristía.  Cuando comemos de su Cuerpo y bebemos de su Sangre anunciamos SU REINO hasta que Él vuelva.  Y decimos, hoy en este Primer Domingo de Adviento: ¡Ven, Señor, ¡Jesús!

 


 

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