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V Domingo Cuaresma (C) |
V Domingo de Cuaresma
Isaías 43: 16-21; Filipenses 3: 7-14; Juan 8: 1-11
Mayormente conocemos este pasaje del
Evangelio como La Mujer Adúltera, pero el enfoque queda más bien en el juicio de
Jesús por los maestros de la ley y los fariseos. Jesús se encuentra en el
Templo, sentado entre mucha gente con la intención de enseñar. El había pasado
la noche en el monte de los Olivos, orando y entrando en meditación. Al
amanecer, llegó al Templo para compartir con la gente los resultados de su
oración.
Pero no pudo seguir con su plan. Llegaron los maestros de la Ley y los fariseos,
trayendo a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. Colocándole en
medio, hablaron de la ley de Moisés y pusieron a Jesús la pregunta, “Tú, ¿qué
dices?” Parece que ellos habían planeado este ataque contra Jesús, porque
llegaron justo al momento cuando Jesús empezó a enseñar, trayendo a la mujer. No
tenían ningún interés en la justicia. Era más bien una trampa para Jesús.
Jesús se da cuenta de sus intenciones y sabe que la mujer es nada más que una
excusa para los fariseos. Si él dice que debe morir, va en contra de la ley de
los romanos. Si dice que debe ser perdonada está violando la ley de Moisés.
Entonces, en vez de enseñar con palabras, Jesús enseña con acciones. Sin decir
nada, se inclina y se pone a escribir en el suelo con el dedo. Cuando insisten
los fariseos, Jesús dice, “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que arroje la
primera piedra.” Y de nuevo se inclina y sigue escribiendo.
No sabemos lo que escribió Jesús, pero uno por uno se fueron retirando,
comenzando por los más viejos. Cuando estaban solos, Jesús y la mujer, Jesús le
trata no como juez ni acusador, no como los fariseos que le han visto solamente
como pecadora. Jesús se muestra como un maestro lleno de compasión. No hay duda
de que ella había pecado, pero Jesús no vea solamente su pasado, vea que ella es
capaz de vivir en el futuro como hija amada de Dios.
Es interesante que la mujer tiene solamente una sola frase en el relato. No se
defiende, pero tampoco se condena. A la pregunta de Jesús acerca de sus
acusadores, ella contesta “Ninguno, Señor.” Parece que ella está lista a empezar
su vida de nuevo como hija amada de Dios. No queda en la condenación. No se
encierre en su pasado.
Como dijo san Agustín, se quedaron solamente dos realidades, la miseria y la
misericordia.
Como decimos al principio, este juicio trata más de Jesús que de la mujer. Los
fariseos querían encontrar un pecado en Jesús para que pudieran juzgarle, como
habían juzgado a la mujer. Pero Jesús no queda en la trampa. El usa esta
situación para demostrar otra manera de vivir. El rechaza la condenación,
enseñando que en Dios no hay condenación. Jesús le manda a la mujer con las
palabras “Vete y en adelante no vuelvas a pecar.” Nos enseña que Dios está
siempre listo a mandarnos hasta un futuro sin pecado. Jesús no se deja engañar
por las trampas de los demás y nos enseña que tampoco tenemos que caer en tales
trampas.
Durante este tiempo de Cuaresma, estamos invitados a aceptar esta misericordia
de Dios en nuestras vidas. Cada vez que encontramos con Jesús, podemos empezar
de nuevo, listos a vivir en el futuro con la libertad de los hijos e hijas de
Dios. Hoy nos acercamos al altar con confianza, buscando la compasión y
misericordia de un Dios de amor.
Sr. Kathleen Maire OSF <KathleenEMaire@gmail.com>
(Las últimas siempre aparecen primero).
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