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Palabras para Domingo

5.28.17

Hechos 1: 12-14

1 Pedro 4: 13-16

Juan: 17: 1-11a


 

Jesús es la Revelación de su Padre

 

Este domingo que cae entre la Fiesta de la Ascensión y de Pentecostés, vemos que la Iglesia pone mucho énfasis en la oración.  La primera lectura nos dice que después de la ascensión, los apóstoles regresaron a Jerusalén al mismo cuarto donde habían celebrado la Ultima Cena.  Allá, junto con María y varias mujeres, se dedicaron a la oración.  Seguro que algunas de las oraciones fueron los salmos y las oraciones judías.  Estas lindas oraciones recuerdan la historia de Israel: su gran deseo por la venida del Mesías, la debilidad y pecado del pueblo, y la fidelidad de Dios que nunca les había abandonado.  Por ahora, los discípulos pueden interpretar los salmos en la luz de Jesús Resucitado, sabiendo que todavía les falta el poder para proclamar la Buena Noticia.   

 

El Evangelio nos ofrece la primera parte de las últimas palabras de Jesús a sus discípulos, llamada, Oración Sacerdotal.  Aquí Jesús insiste en una cercanía que debe existir entre Él, sus seguidores y su Padre en la oración.  Es un tema de suma importancia, una verdad que hasta hoy día luchamos por comprender.  Esta oración Sacerdotal dice que Jesús había sido enviado por Dios para revelar el nombre de Dios.  Este nombre nos revela la esencia de Dios; nos deja saber quien es Dios para nosotros.  Cuando aceptamos a Jesús, aprendemos más de Dios, porque Jesús es la revelación de su Padre.  Es un misterio profundo que nunca podemos comprender perfectamente.  Sin embargo, por medio de la oración, podemos acercarnos más y más a la verdad.  

 

El Evangelio insiste mucho en la oración.  Especialmente San Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, nos enseña que los eventos de la historia de salvación ocurren cuando los personajes están orando.  Tenemos los canticos de Zacarías y de María, los ejemplos de Ana y de Simeón, y los eventos de la vida de Jesús casi siempre inician con un espacio de oración.  Por eso, podemos enfocarnos hoy en el sentido de la oración.  Sabemos las “oraciones” de nuestra religión- el Padre Nuestro, el Salve María, el Credo, los salmos, el rosario, las oraciones de la misa.  Todos estos ejemplos indican que la oración se puede definir como una serie de palabras.  La Iglesia nos dice que estas oraciones son buenas y necesarias, pero más importante es tener un corazón abierto a Dios, abierto a entrar a una relación de amor y de gratitud.

 

Un gran maestro de la religión judía, Abraham Heschel, nos recuerda que la oración es una invitación para invitar a Dios en nuestra vida.  Es una actitud de apertura y de confianza.  Es la voluntad de quedarse tranquilo, sin exigir respuestas a los misterios de la vida.  Este gran profeta dice qué durante toda la vida, desde la niñez hasta la muerte, hay soplos de la verdad de Dios, a veces solamente un poco más fuerte que el silencio.  Es solamente en un estado de oración tranquila y profunda que podemos escuchar los soplos de la verdad de Dios.

 

Creo que las escrituras de hoy nos invitan a contemplar la importancia de la oración, en el sentido de mantenernos en silencio y en relación con Dios.  Es así que podemos reconocer los soplos que nos indican la profundidad de la oración sacerdotal de Jesús.  Estamos unidos con El.  Vivimos en la vida del Padre.  Dios sigue haciendo su obra de salvación por medio de nosotros.  En la misa, Jesús nos invita una y otra vez a vivir la Comunión con mucha devoción.  Es una expresión concreta de nuestra unidad con El.  En el silencio de nuestro corazón, podemos estar abiertos para recibir su palabra y profundizar un poquito más el gran misterio de su presencia íntima y poderosa.  Aun todavía no hemos llegado a ese momento de Pentecostés cuando la fuerza del Espíritu Santo llega a nuestras vidas.  Por ahora, es necesario permanecer tranquilos, dejando que sus palabras lleguen hasta lo más profundo de nuestro corazón.



Sr. Kathleen Maire

kmaire@verizon.net



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