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Palabras para Domingo

19 DOMINGO

08.13.17

1 Reyes 19: 9, 11-13

Romanos 9: 1-5

Mateo 14: 22-33


 

La pregunta que sobresale en las lecturas para el dá de hoy es: “¿Dónde encontramos a Dios?”  Una y otra vez en las Sagradas Escrituras, vemos que Dios se hace presente en maneras no esperadas.  Tenemos nuestras ideas de cómo trabaja Dios, y le buscamos donde pensamos que Dios debe estar.  También pensamos que sabemos cómo debemos actuar cuando buscamos a Dios.  Pero nuestro Dios no se limita por nuestro pobre entendimiento, y no se puede comparar a nuestras ideas.

 

Es bien claro en la primera lectura que Dios nos sorprende con su manera de entrar en nuestra vida.  La historia de los judíos indicó que Dios se manifestó en movimientos violentos de la naturaleza.  Dios se comunicó con Job desde un viento fuerte, habló con Moisés desde un arbusto ardiente, y entregó a Moisés los mandamientos al momento de un terremoto. Pero cuando quería manifestarse al profeta Elías, hizo sentir su presencia en el murmullo de una brisa suave.  Tenemos que estar listos a escuchar el mensaje de Dios que nos viene de maneras que menos nos imaginamos.  Dios tiene maneras misteriosas para manifestar su palabra y su voluntad.

 

El Evangelio también tiene sorpresas.  Tal vez podemos preguntarnos por qué Jesús decidió acercarse al barco de los discípulos caminando sobre el agua cuando las olas e el viento eran tan fuertes.  El Evangelio indica que Jesús caminaba tranquilamente sobre un mar muy turbulento.  Los discípulos tenían miedo, no solamente al agua, sino también a la visión que les acercaba sobre el agua.  No pensaron que Jesús les iba a visitar de esta manera tan extraordinaria. Era solamente al escuchar las palabras “No teman.” que se dieron cuenta de la identidad de su persona.

 

La dinámica del encuentro de San Pedro y Jesús nos enseña algo importante.   Pedro, a pesar de su fe en Jesús, se dejó vencer por la fuerza de las olas y el viento.  Este discípulo tenía suficiente fe para reconocer al Señor, para echarse al agua, y para confiar que el Señor podía salvarle.  Pero al momento de sentir la fuerza de la naturaleza, dejo de guardar su confianza en Jesús.  Le entró el miedo y el pobre Pedro comenzó a hundirse.   Cuando el discípulo que ha confiado en Jesús, puede caminar sobre el agua, su confianza muestra una gran fe.

 

Tantas veces en la vida, nos encontramos en aguas turbulentas.  Si reconocemos a Jesús y tenemos fe, ni el miedo nos puede hundir.  Las aguas turbulentas pueden aparecer como crisis de salud, la muerte de un ser querido, problemas con los hijos, la pérdida de un trabajo, la violencia en las calles o mil otras cosas. Si actuamos como Pedro y tenemos fe, hacemos el compromiso de nuestra vida, incluso tomando riesgos.  Pero en algún momento, podríamos perder el enfoque. 

 

En estos momentos es que tenemos que gritar como Pedro, “¡Sálvame, Señor!” Si podemos estar seguros que Cristo nos va a contestar, “Tranquilícense, no teman.  Yo estoy aquí.”  

 



Sr. Kathleen Maire

kmaire@verizon.net



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