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Palabras para Domingo

7.23.17

Sabiduría 13: 16-19

Romanos 8: 26-27

Mateo 13: 24-43


 

El Evangelio hoy nos cuenta muchas parábolas que hablan del Reino de Dios.  Nosotros estamos acostumbrados a escuchar estos cuentos y generalmente no nos asustan ni los llama la atención.   Pero no era así para la gente escuchando a Jesús.  Las parábolas siempre tenían un aspecto que debía molestar a esta gente, porque Jesús no habló del Reino de Dios como ellos habían pensado. 

 

Por ejemplo, la parábola de la semilla de mostaza.  Para nosotros es una linda presentación de cómo crece el Reino.  Pero para los agricultores del tiempo, era una tontería.  La mostaza era una mala hierba que crecía rápidamente, ahogando a las demás plantas del huerto.  Uno tenia que vigilar cuidadosamente para asegurar que la mostaza no arruinara todo.  Además, nadie quería atraer pájaros a la huerta porque comían la cosecha.  La idea de querer un nido al medio del huerto era absurda.

 

Mismo con la parábola de la levadura.  El ejemplo que use Jesús, en por si, era familiar porque cada mujer tenia experiencia con levadura y la gente entendía el efecto en la masa.  Pero en el lenguaje religioso, la levadura era casi siempre un símbolo de corrupción o malo. El Evangelista San Mateo cuenta que Jesús les dijo a los discípulos, “Miren, cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos.”   A los oídos de la gente, el ejemplo debía sonar un poco raro.  Sin embargo, ahora Jesús lo utilizó con ejemplo del crecimiento del reino, y un crecimiento que da a la mujer suficiente pan para cien personas. 

 

También la parábola de la buena semilla y la mala hierba.  La gente quería sacar la mala hierba de una vez y dejar crecer el trigo.  No tiene sentido dejar crecer los dos juntos con el peligro de que la mala hierba ahogue a la buena.  El consejo de dejar crecer los dos  va contra la costumbre de la gente que trabajan en los campos.

 

El sentido de las parábolas es claro.  Dios no anda según nuestras ideas.  El Reino crece en manera misteriosa y silenciosa como trabaja la levadura.  Crece en lugares donde la gente no lo siembra, como la semilla de mostaza.  Crece entre el trabajo de los enemigos, como el trigo.  El Reino de Dios necesita nuestro esfuerza, pero nosotros no decidimos los resultados.

 

Muchas veces queremos que Dios actuaria según nuestros deseos. Pensamos que seria mucho más eficiente eliminar a personas malas antes que tengan la oportunidad de causar daño.  Queremos condenar a los que están actuando contra las normas de nuestra manera de vivir.  Queremos vivir en un mundo donde todo está claro- bueno o malo, con nada de confusión.   Tenemos problemas con gente que viven un estilo de vida distinto de lo nuestro.  No entendemos a jóvenes que no siguen las normas de nuestra religión católica.   Nos quejamos cuando hay leyes que permiten lo que no vemos como lo correcto. 

 

Las parábolas hoy nos enseñan que Dios tiene un lógico diferente de lo nuestro.  Dios es impredecible y tiene una visión mucha más amplia de la que tenemos nosotros.  Dios es capaz de chocar a las buenos y piadosos, ahora como en el tiempo de Jesús.  Dios nos invita a pensar en maneras fuera de lo racionable y a veces nos asusta con la abundancia de su amor y misericordia.  Como en el tiempo de Jesús, si las entendemos bien, las parábolas tienen un sentido que nos asusta y nos deja pensando.
 



Sr. Kathleen Maire

kmaire@verizon.net



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