Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

Lecturas: Ezequiel 34, 11-12. 15-17 / Salmo 22 / I Corintios 15, 20-26. 28 / Mateo 25, 31-46

 

“Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.” Las palabras del acto penitencial son tan recordadas que lo recitamos en la misa de pura memoria. Sin embargo, es necesario decirlas con mayor atención y énfasis para que no sean tan solo de costumbre. Para mí la parte más difícil de explicar son los pecados de omisión. No se trata de actos cometidos sino deberes no hechos o incumplidos. La materia de semejantes pecados es tan diversa como las circunstancias pues pueden ser de toda índole. 

 

La lectura del evangelio según san Mateo que hoy escuchamos es del juicio final justo antes de la última cena y la Pasión de Jesucristo. Representa la culminación de las enseñanzas de Jesucristo y provoca fuertemente la pregunta, “¿Que hemos hecho para servir al Señor auténticamente?” Al decir, “cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo,” Jesús nos da una manera clara e impactante de explicar lo que quiere decir, “pecados de omisión.”

 

El otro aspecto llamativo para mi es la respuesta de los cabritos, aquellos a su izquierda, al rey: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?” El rey aclara en pocas palabras que la actitud o la respuesta, “no sabíamos,” no basta y que no exculpa a nadie. En otras palabras, la ignorancia no es una excusa.

 

Cuando se trata del deber de amar con obras, no es necesario conocer de antemano la otra persona, el prójimo, sino tener la compasión de enterarnos suficientemente para reconocer sus verdaderas necesidades y cómo podríamos ayudarles a recuperar la dignidad. Al cumplir semejantes deberes de obras de la misericordia con los más necesitados saldremos conociéndolos sinceramente por reconocer como ellos han sufrido.

 

Muchas veces los pecados de omisión son hechos no contemplados, pero a mi parecer se trata de pecados bastante espontáneos o resultados de la falta de atención a las personas en nuestro alrededor. Al final la mayoría de los pecados de omisión son omisiones del amor, de no amar en el momento y la situación debido, que dejan a Jesucristo esperando ser asistido y amado.

 

Padre fray Charles Johnson, O.P. <cjohnson@opsouth.org>