Estimados lectores,

 

En nuestros tiempos es frecuente escuchar personas opinando que la fe cristiana tiene más que ver con un código de moral y que la Iglesia Católica se preocupa demasiado con los actos y omisiones de las personas. Sin embargo, en la segunda lectura de hoy tomada de la carta a los filipenses, san Pablo nos llama a una nueva manera de pensar y vivir con los demás, la cual es el seguimiento de Jesucristo y estar en relación con él. Pablo reconoce que para seguir un camino conforme al Señor Jesús es necesario saber quién es y creerlo como es: el hijo de Dios que tomó la decisión de ser uno de nosotros hasta acompañarnos a la muerte por el amor y ser glorificado por su fidelidad siendo fiel a su Padre Celestial y fiel a su misión de redimirnos. Ojalá que cuando hablamos de la moral cristiana salimos hablando de Jesucristo y cuanto que nos ha amado comenzando con su propia vida y que nuestra manera de vivir manifiesta todo lo que él nos ha dado.

 

Paz y bien,

Padre fray Charlie, O.P.


 

XXVI Domingo Tiempo Ordinario, año A

2020-09-27

Lecturas: Ezequiel 18, 25-28 / Salmo 25 / Filipenses 2, 1-11 / Mateo 21, 28-32

 

En su obra, Fundamentos Teológicos de Moral Cristiana, el fray dominico Luis Francisco Sastoque, O.P., expone dos maneras de entender y practicar la moral en la vida. La primera, llamada la minimalista o pequeña, consiste en que “afirmar la moralidad o inmoralidad de un determinado sujeto entraña calificarlo en función de actos que hace y omite. Moralidad equivale aquí a regulación y conformidad externa de determinadas acciones.”  Luego viene la segunda manera, una moral maximalista, la cual “no es una manera de hacer, sino una manera de ser, entendiendo por <<ser>> la realidad concreta que es la persona humana. Ser y moral son dos predicados constitutivos y engarzados de lo que llamamos hombre.”

 

El padre Sastoque explica que la moral cristiana tiene como punto de referencia “la nueva vida y existencia en Cristo Jesús,” y que tiene por entendido una relación (“una relación de seguimiento”) entre Jesucristo y la persona. La moral cristiana, o, mejor dicho, la vida cristiana es la expresión de nuestro ser y nuestro ser es la manifestación del amor de Dios por nosotros y hecho visible en la persona de Jesucristo. En otras palabras, todo tiene que ver con la relación con Dios que llevamos en la vida y que una moral autentica debe ser fundamentada en Jesucristo mismo.

 

Se nota que san Pablo tiene como propósito en la segunda lectura de la carta a los filipenses una semejante lección.  El apóstol nos insta a una vida cristiana conforme a Jesucristo por medio de un himno cristo lógico expresando la esencia del Señor Jesús y su Encarnación. La lectura hace muy claro que la vida cristiana es de Cristo y para mejor entender y practicarla, es necesario saber toda la trayectoria de el y creerlo en su plenitud. El mensaje de San Pablo sirve de profundizar nuestra vida y nuestra moral: ser humildes, mansos, compasivos, dispuestos a la unión y firmes en servir a los demás. Se trata del “imitatio Christi,” la imitación de Cristo y expresada por el seguimiento de él haciendo conforme nuestro camino con el suyo.

 

En la segunda lectura, Jesucristo toma una decisión clara al favor de la humanidad y ejerce la opción de no aferrarse a ser Dios sino se humilló hasta dar su vida por nosotros. En términos doctrinales, se trata del “Kenosis,” el humillarse y despojarse de su divinidad para forjar una relación verdadera e inquebrantable con nosotros. Jesucristo eligió libremente esta gran forma de movilidad para bajo demostrándonos nuestra alteza y dignidad. Es imperativo reconocer que Cristo nunca guarda una actitud de superioridad o descuello hacia nosotros, pues semejante actitud no existe en su mente ni ser. Al contrario, él es soberano y eterno, pero siempre pone su poder y divinidad a nuestro servicio para nuestra salvación.

 

Aquí hay una lección central de la moral cristiana: la importancia de creer que Dios ha sido bondadoso y generoso con nosotros brindándonos muchas bendiciones y ser humildes y agradecidos y estar dispuestos a dar de nosotros mismos para el bien del prójimo. San Pablo nos enseña que la humildad, la compasión y la caridad no son sentimientos sino características de Cristo mismo y que comprenderlas es también una manera de creer en él en su plenitud. Conocer a Jesucristo en su divinidad y humanidad es la manera de comprender nuestro ser y poner en práctica una manera autentica de moral y de vivir.

 

Padre fray Charles Johnson, O.P.