XI Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo B]
13 de junio, 2021

Ezequiel 17:22-24 | Salmo 91 | 2 Corintios 5:6-10 | Marcos 4:26-34


Del Libro del Profeta Ezequiel:

“Así, todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo los árboles altos y elevo los árboles pequeños; que seco los árboles lozanos y hago florecer los árboles secos.”

Reflexión por Fray Carlos Salas, OP:

La soberbia nos remueve de Dios porque nos hacemos grandes; nos mentimos a nosotros mismos. El fruto de la soberbia es buscar el interés propio mientras que el fruto de la humildad es crear un espacio donde los pájaros pequeños puedan anidar. Esto es, hacernos pequeños frente a Dios y no grandes es crear un espacio en nuestra vida, en nuestros corazones, para Dios y los más vulnerables de nuestro alrededor. Dios ve nuestra pequeñez, nuestra verdadera pequeñez y no una humildad falsa con la cual podemos mentir; la humildad falsa es soberbia enmascarada. La humildad es buscar la verdad sobre nosotros en relación con Dios y los demás. A veces fallamos ser humildes frente a Él, pero debemos continuar caminando por la fe, pidiendo la dirección de Dios, y esperar en Su misericordia cuando sea el tiempo de comparecer ante el tribunal de Cristo. Ahí, se sabrá si estuvimos buscando vivir una vida verdaderamente humilde o si nos rendimos ante la lucha y simplemente nos conformamos por una soberbia enmascarada con humildad falsa.

Algo en que pensar:

·       Santa Teresa de Lisieux, una Doctora de la Iglesia, nos enseña sobre el caminito de ser pequeña ante Dios. Debemos hacernos pequeños, no de una manera en seamos pisoteados por los demás, pero en buscar vernos a nosotros mismos y a otros en la manera que Dios nos ve. Pide su intercesión para entregarle todo a Dios, incluyendo nuestras ideas equivocadas de Él, de nosotros mismos, y del mundo que nos rodea.