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XXII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)

- 28 de agosto de 2022

Lecturas: Eclesiástico (Sirácide) 3, 17-18. 20. 28-29 / Salmo 67 / Hebreos 12, 18-19. 22-24ª / Lucas 14, 1. 7-14


 

¿Al vernos actuar será que los demás reconocerán nuestros pretextos e intenciones actuales? ¿Cuáles son los motivos de nuestras decisiones y acciones? ¿Los reconocemos nosotros mismos? ¿Será que otras personas los reconocerán por medio de nuestra forma de actuar y hablar, pero mejor que nosotros?

 

“Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola…” (Lucas 14, 7).


Mientras los fariseos estaban espiando a Jesús para tener algo con que acusar y criticarlo, Él observó el comportamiento de ellos notando las maneras ambiciosas de buscar privilegio y sacar provecho. Tratando de encontrar alguna equivocación en Jesús por espiarlo, los fariseos dejaron al descubierto su hipocresía. En verdad, fue un ejemplo del conocimiento íntimo que tiene Jesucristo de la naturaleza humana y una prueba de como el pecado invade nuestra forma de pensar y actuar. Y los resultados pueden ser una causa de vergüenza: 

 

“Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento” (14, 8-9).

 

Sin embargo, al ser agradecido por la bondad de ser invitado y reconocerlo como una bendición, recibiremos la adulación y el respeto de los demás:

 

Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: “Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido” (14, 10-11).

 

No obstante, en lugar de condenar a los fariseos y otros oyentes, Jesús siempre pone su conocimiento íntimo del hombre y sus pretextos no muy honrados al servicio de nuestro bien y para enseñarnos como debemos actuar en la presencia de Dios y como debemos tratar a los demás. La parábola nos llama apreciar más la bendición de estar invitado y de poder participar y querer servir y ser generosos: 

 

Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos” (14, 12-14).

 

Jesucristo nos invita a apreciar lo que él nos da y nos ofrece, pero en forma gratuita y abundante. Además de llamarnos a no vivir según nuestros criterios equivocados y deseos desmedidos, Jesucristo nos invita a tener nuevos criterios conforme con los suyos. Si vivimos con la idea de que no basta lo importante y lo bueno para todos, estaremos siempre pensando en cómo buscar ventaja en la vida en vez de vivirla, de cómo sacar provecho de otras personas en lugar de conocerlas y gozar de las bondades que Dios nos va derramando por medio de ellos.

 

Al ver las situaciones de la vida como oportunidades de encontrar la presencia de Dios y gozar sus abundantes bendiciones veremos las huellas de Cristo por donde pasa y comprenderemos que recibir las bendiciones divinas es tan solo el principio y que la plenitud experimentaremos al compartirlas en el gozo del amor servicial.  

 

Jesucristo resalta lo que para él es entendido, que habrá lugar para todos los convidados y que estar allí es la cosa más importante. En Cristo, el gozo de estar invitado y ser muy agradecido por semejante bondad nos motiva a también invitar y compartir. Por la gracia de Dios hemos sido invitados; por la abundancia de su misericordia siempre existirá lugar, pero para todos, siempre habrá misericordia, pero de sobra.

 

Paz y bien,

P. fray Charles Johnson, OP

 

* Citas bíblicas tomadas de la página del web de la Conferencia Episcopal de los EEUU: https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/082822.cfm

 


 

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