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II Domingo Cuaresma

03-08-2020

Génesis 12: 1-4

Timoteo 1: 8-10

Mateo 17: 1-9


 

A primera vista, las lindas lecturas de hoy parecen no tener nada que hacer con la Cuaresma.  La parte que leemos de Éxodo nos dice que Dios escogió a Abram por la única razón que Dios tuvo gran amor para la gente y quiso bendecir a todas las naciones por medio de él.  Escuchamos la promesa que extiende hasta nosotros hoy, “En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra”.   Toda la iniciativa de la salvación depende de Dios.  Vemos que Dios es gracia inexplicable.

 

Seguimos con la carta de san Pablo a Timoteo.  Leemos que Dios nos salva y nos llama a una vida santa.  Esta vocación no depende de nuestras buenas obras, sino de la voluntad de Dios.   Otra vez vemos que la gracia de Dios no es un premio por lo que hacemos, sino un don gratuito.  La realidad es que la gracia de Dios es un impulso para nuestra conversión y para un cambio de vida.  San Pablo insiste en que esta gracia y llamada a la santidad existía desde la eternidad, pero que ahora es manifiesta por medio de Jesucristo. 

 

Es interesante que la Iglesia nos ofreció una lectura de Génesis la semana pasada y otra vez ahora.   La Iglesia está insistiendo en que desde la creación del mundo, Dios está metido en la historia humana, cuidando a la gente, siempre listo a ayudarles en sus necesidades y generoso con el perdón.  La idea de la salvación no es algo que se le ocurrió a Dios al transcurso de la historia, sino su intención fundamental.  Dios es un Dios de amor desde el principio.  La Cuaresma es momento para recordarse de esta verdad.  Estuvimos siempre en la mente de Dios.

 

Y por fin llegamos al Evangelio, la linda descripción de la transfiguración de Jesús, cuando Pedro, Santiago y Juan le vieron resplandeciente como el sol.  Vemos a los apóstoles asustados, confundidos, queriendo quedarse siempre en este momento de iluminación.  Pero a poco rato, viene la voz de Dios diciendo: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”.  Con estas palabras, Dios establece a Jesús como su portavoz.  Dios establece a Jesús como su mensajero legítimo.  Y aun más, Dios establece la relación que existe entre El y Jesús, “Este es mi Hijo muy amado”. 

 

Pensando un poco, vemos que las lecturas son perfectas para la segunda semana de Cuaresma.  Nos llaman a una vida santa por medio de Jesús, nuestro guía, nuestro camino, y nuestro hermano.  Nos proclaman que esta es la voluntad de Dios desde el principio de la creación.  Y nos dicen que como Abram, tenemos que empezar un viaje, dejando atrás lo familiar, lo cómodo, lo conocido, lo fácil, lo que no pertenece a la vida santa. 

 

Esta caminata de la Cuaresma nos llama a una transformación.  No es suficiente pensar que podemos sacrificarnos de alguna comida, de bebida, o de alguna rutina.  La cuaresma nos llama a un cambio de dirección, a un reenfoque de nuestra mente, a una dedicación a la vida santa.   Tal vez podemos decir que tenemos que aceptar el perdón de Dios por nuestros pecados, y en turno tenemos que perdonar a los que nos han ofendido.

 

Si podemos pensar en una sola persona con quien tenemos rencor u ira, es esta persona que tenemos que perdonar.  Puede ser un papá o una mamá por lo que pasó muchos años atrás; un hermano o hermana que siempre salió adelante; a un vecino o compañero que estaba premiado por algo que nosotros hicimos.  Puede ser un hijo e hija que nos ha robado de nuestra esperanza e ilusión.  Puede ser un jefe de trabajo que nunca apreció nuestro esfuerzo.  Puede ser un oficial del gobierno que nos culpó por un delito.  Puede ser nuestra propia persona que nunca alcanzó nuestro ideal. 

 

 Jesús nos invita al perdón.  Como dice Dios en el Evangelio, “Escúchenlo”.

 


"Sr Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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