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SEXTO DOMINGO ORDINARIO, 14 de febrero de 2021

Disculpas que no tenemos Homilías Dominicales corrientes para mandarles esta semana. En su lugar, le mandamos una reflexión de nuestros archivos.

Paz en Cristo,


Homilías Dominicales

VI Domingo Ordinario 11º de febrero 2018

Ángel F. Méndez Montoya

Leccionario: 77

Primera lectura:

Lv 13, 1-2. 44-46

Salmo 31, 1-2. 5. 11

1 Cor 10, 31–11, 1

Mc 1, 40-45

 

Las religiones pueden ser motivo de unidad como de desunión, de paz como de guerra, de inclusión como de exclusión. En la primera lectura y en el Evangelio se expresan estos contrastes. Mientras que en la primera lectura observamos el desarrollo de una ley que excluía a los leprosos, en el texto del Evangelio vemos a Jesús sanando a un leproso y rompiendo con la ley que prohibía acercarse a los “impuros”.

 

Jesús transforma y subvierte las leyes religiosas de exclusión de sus tiempos. Por eso siempre fue muy criticado; incluso sus actitudes subversivas lo llevaron a un destino fatal, su muerte en la cruz. Las palabras y acciones de Jesús eran polémicas y ponía a la gente incómoda, sacudía a personas aferradas al estatus quo. Jesús no mostraba miedo de enfrentarse a líderes religiosos y políticos. Jesús no solo acompañaba y acogía a los “impuros” de su tiempo, también los hacía sus amigos, los defendía y los ponía como ejemplo del amor de Dios que no discrimina ni margina a nadie. Y esto incomodaba a las personas que se creían “decentes”, “puras”.

 

Jesús nos enseña que la verdadera santidad sólo es posible a través de gestos y actitudes de solidaridad y compasión hacia quienes son más vulnerados, hacia quienes más se les rechaza; nos muestra un amor incondicional hacia los “impuros”. El mensaje de Jesús es verdaderamente liberador: libera todos los niveles de la existencia humana, desde lo más material hasta lo más inmaterial; desde lo más espiritual hasta lo más corporal. Este ejemplo del Evangelio de Jesús cuando cura al leproso ilustra claramente su opción radical por los más excluidos. Hoy se traduciría a tomar acciones de liberación a favor de los más oprimidos de nuestro mundo: los pobres, campesinos, indígenas, negros, los sin casa, migrantes, homosexuales, lesbianas y transexuales… Esos que nosotros ahora llamamos “impuros”, son los privilegiados de Jesús.

 

¿Quiénes son los que las sociedades llaman “impuros” en el mundo de hoy? ¿Cómo seguir el ejemplo de Jesús que acepta a los impuros, a los rechazados? Jesús le dice al leproso: “sí quiero sanarte”; y así le otorga el milagro de la sanación. ¿Y nosotros, queremos acercarnos a quienes la gente etiqueta de “impuros”; o simplemente somos indiferentes ante personas y grupos que son excluidos; o quizás somos nosotros quienes los excluimos?

 

Y, desde el “otro lado del muro”, si alguno de nosotros se siente rechazado, etiquetado por los demás como “indeseable” o “impuro”, el Evangelio de hoy nos recuerda el amor radical de Dios en la persona de Jesús, quien nos ama incondicionalmente. En medio del rechazo de los demás, del rechazo de aquellos que se consideran “puros” y “decentes”, Dios nos acepta, nos ama y nos hace partícipes de su comunidad divina.

 

Pidamos al Espíritu Santo que nos dé el valor como se lo dio a Jesús para acompañarnos en nuestras acciones proféticas de aceptar y hacernos, como Dios Padre/Madre, amigos de los más rechazados en nuestro entorno. Que seamos valientes en nuestras palabras y actos de inclusión, aún cuando recibamos las críticas de aquellos que se sienten “puros” y “decentes”.

 


 

SEXTO DOMINGO ORDINARIO, 15 de febrero de 2015

Padre Carmelo Mele, O.P.

Querido lectores:

Aunque todavía estamos en tiempo ordinario, creo que es oportuno hablar de la Cuaresma.  No tengo en cuenta los grandes temas del pecado, la conversión, y la gracia sino algo más práctico.  Como los cuarenta días son para renovarnos espiritualmente, deberíamos estar planeando qué obras queremos asumir para hacer este tiempo bien provechoso.  La homilía de modelo a la continuación tiene una idea.  Tal vez querrían ustedes desarrollar sus propias recomendaciones.

Las lecturas este domingo no son complicadas.  La primera da los antecedentes parar entender la acción de Jesús en el evangelio.  La lectura de I Corintios proporciona consejos para todas edades, particularmente que imitemos a Cristo siempre.

¡Qué Dios les bendiga mucho a través de este tiempo dichoso que ya está para comenzar!

 

SEXTO DOMINGO ORDINARIO, 15 de febrero de 2015

(Levítico 13:1-2.44-46; I Corintios 10:31-11:1: Marcos 1:40-45)

 

Era la edad de la segregación.  Particularmente en el sur de los Estados Unidos los negros sufrieron la opresión racial.  Los adultos no podían sentarse al lado de los blancos en los buses y mucho menos sus hijos al lado de los niños blancos en las escuelas.  En este ambiente John Howard Griffin, un periodista de Mansfield, Texas, decidió a experimentar la suerte de un negro.  Tiñó su piel morena e hizo un giro por la antigua Confederaría.  Esperaba prejuicio, pero le sorprendió el extenso de la hostilidad contra los negros. Griffin escribió un libro, Negro como yo, que ayudó a los negros ganar los derechos civiles.  Se puede decir que Griffin era un privilegiado que se hizo un marginado para que los marginados pudieran hacerse privilegiados. Es semejante al intercambio atestiguado en el evangelio hoy.

 

Se le acerca a Jesús un leproso.  Estamos acostumbrados a leer de tales historias en el evangelio, pero pudiéramos preguntarnos: ¿Cómo nos sentiríamos si estuviéramos en la compañía de Jesús ese día?  A lo mejor nos habríamos saltado atrás como haríamos hoy enfrentando a un enfermo del virus del Ébola. Pues, la condición le aborrecía a la gente tanto como la primera lectura relata.  Ni les permitía a los leprosos entrar en los pueblos.

 

Pero Jesús se adelanta con la amenaza, no retrocede.  Tocando al leproso con la mano, le sana la enfermedad.  De nuevo no nos parece insólito escuchar de Jesús curando a un enfermo. Pero deberíamos darnos cuenta de que por haber palpado al leproso Jesús se ha expuesto a sí mismo a la enfermedad maldita.  Por supuesto, Jesús ni ha oído de guantes de plástico para protegerle del contagio.

 

Sin embargo, no es porque se haya contaminado con la lepra que Jesús no podrá entrar las ciudades.  Es porque el sanado ha proclamado el poder de Jesús y ya todo el mundo lo busca.  Como si fuera un criminal Jesús ahora tiene que quedarse en lugares solitarios.  El caso ha cambiado completamente: el privilegiado Jesús se ha hecho marginado mientras el antiguo leproso marginado puede andar como un hombre libre.

 

Realmente el desplazamiento no es nuevo para Jesús.  En la historia de la salvación él vino del amor eterno de Dios Padre para experimentar el afecto veleidoso humano.  Va a estar aún más postergado cuando cuelga en la cruz (¡por seis horas según este relato de Marcos!).  Se sentirá, al menos por un momento, que Dios mismo lo ha abandonado.  ¿Qué querremos decirle?  ¿“Gracias” o, tal vez, ¿“Te amo”?  Estas palabras fallan a cumplir nuestra intención. Sin embargo, hay otra manera de expresar nuestro aprecio para Jesús. Podemos mostrar nuestro afecto a Jesús con el ayuno cuaresmal ya cerca.

 

Solemos pensar en el ayuno como la compensación a Dios por nuestros pecados.  Pero ¿cómo podría ser que no comer pan dulce mientras estamos festejando en capirotada neutralizar el efecto de nuestras traiciones?  No, es mejor que pensemos en el ayuno como una muestra de solidaridad con Jesús que se marginó en el mundo nuestro para que tengamos un lugar en su morada divina.  Por eso, no queremos hacer un ayuno fingido durante la Cuaresma sino algo que nos cuesta.  ¿De qué consistirá nuestro ayuno esta cuaresma? Si apetecemos el postre, podríamos dejar de tomar todos tipos de dulces.  Si nos gusta la cerveza, podríamos dejar de beber todos géneros de alcohol. ¿Por qué no?

 

Una vez un hombre cuya esposa estaba sufriendo la quimioterapia rasuró su cabeza.  Fue un testimonio de gran solidaridad porque como ella él tuvo que soportar las miradas asustadas de la gente. Es como Jesús hizo por nosotros cuando dejó la morada de Dios Padre.  Se puso al lado nuestro en los buses para que conozcamos el amor de Dios.  Se puso al lado nuestro para que conozcamos su amor.

 

"Carmen Mele, O.P."  <cmeleop@yahoo.com>

 


 

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