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Palabras para Domingo

XXVIII Domingo Ordinario

10/13/2019

2 Reyes 5: 14-17

2Timoteo2: 8-13

Lucas 17:11-19


Mayormente, tenemos costumbre de decir “gracias” cuando alguien nos hace un favor.  Damos las gracias cuando alguien nos abre la puerta o nos deja pasar adelante.  Damos las gracias cuando alguien nos regala algo en nuestro cumpleaños o en la Navidad.  Y damos las gracias cuando alguien nos ayuda a buscar una cosa perdida.  Es natural, porque sabemos que la persona no tiene ninguna obligación de actuar así.  En este momento reconocemos que la persona nos da importancia, y queremos entrar en una relación de reciprocidad. 

Tenemos que aprender a dar gracias.  Un bebé espera toda de su mamá, y la mamá le da, sin contar el costo.  Pero una vez que el niño empieza a crecer, la mamá le dice siempre, “Dile gracias”, y así vamos aprendiendo poco a poco que el mundo no nos debe todo.  Crecemos en humildad, reconociendo que otros actúan por bondad, no porque somos dignos de todo bien.  Algunos aprendemos bien y viven en un estado de conciencia.  Otros nunca aprenden, y viven con un sentido de privilegio.  Muchas veces queremos evitar tal clase de personas.

Encontramos dos ejemplos de agradecimiento en las lecturas hoy, el sirio leproso Naamán y el samaritano del evangelio.   Para los judíos, Naamán era entre los excluidos, primero por su enfermedad y también porque era extranjero, considerado entre los enemigos del pueblo escogido.  No tenía fe en el Dios de Israel, pero aceptó la palabra de Eliseo, un hombre de Dios y se bañó en el rio Jordán.  Al ver su curación, aceptó al Dios de Eliseo y quiso adorar a Dios sobre un altar hecho de la tierra de Israel. 

En el caso del samaritano, sabemos que los judíos consideraron a los samaritanos como enemigos, por su rechazo de la tradición davídica y su rechazo del Templo como lugar de culto.  Entonces, vemos a este hombre, despreciado por su religión y su enfermedad, usado por Jesús como ejemplo de gratitud.  No es tanto un relato de los diez que se curaron.  Para los nueve judíos, su religión no les ayudó conocer a Jesús como profeta, ni expresar gracias por el gran don de la curación.  Su curación les permitió entre otra vez en la sociedad de su gente, pero perdieron la oportunidad de conocer a Dios.

En una y otra de las lecturas, son los excluidos, los extranjeros que reconocen a Dios.  Son los rechazados, los inferiores, los indeseables que Jesús usa para ensenar la importancia de dar gracias.  Vemos que los enemigos de Israel no son enemigos de Dios.  Los judíos escuchando el relato tenia que reconocer que Dios no respeta la clasificación que hacemos de otros como enemigo.  En el caso del samaritano, no hay ninguna indicación de que el individuo convirtió ni seguía a Jesús después.  Era suficiente que fuera sincero, humilde, bueno, y que dio gracias.  

Creo que el ejemplo de los extranjeros nos sirve bien hoy cuando hay tanto odio por los que consideramos diferente, que sea a causa de religión, de raza, o de orientación sexual.  Casi cada día en los periódicos leemos de crímenes cometidos contra los inmigrantes, contra los de la religión de islam, y contra los homosexuales.  Tal vez tenemos que aprender, como los judíos en tiempo de Jesús, que los que consideramos enemigos pueden ser amigos, hasta bien amados de Dios.  Tenemos que abrir los ojos y escuchar la palabra del Evangelio para abrir nuestra consciencia. 

Finalmente, estos relatos nos demuestran el amor incondicional de Dios, y la necesidad de reconocer que todo lo que tenemos es don de Dios.  Hoy, ofrecemos gracias por la vida, por la familia, por la comunidad, por la salud, por el tiempo, por la comida, por la casa, y por todo lo que recibimos con tanto cariño de las manos de Dios.


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com



 

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