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10.11.2020

Isaías 25: 6-10

Filipenses 4: 12-14, 19-10

Mateo 22: 1-14


 

Todos conocemos la alegría que tenemos cuando estamos en una celebración repleta con ricas comidas y buenos vinos, amigos y compañeros que comparten nuestra gozo, y una razón para alegrarnos.  A veces hablamos de esta celebración durante días y semanas.  Es una ocasión de amistad e intimidad.  Comiendo la misma comida y compartiendo la misma hospitalidad nos une en una realización que somos parte de una comunidad donde podemos confiar.  Pensamos que estamos seguros y unidos por un común entendimiento de algo importante.  

 

Las ideas que sobresalen de las lecturas hoy son las del banquete, del festín, de una comida rica que está preparada para los invitados. Leemos de vinos exquisitos y manjares sustanciosos. Escuchamos las lindas palabras: Alegrémonos y gocemos- está cerca el Señor.  En este mes de la cosecha, parece que hasta la Biblia nos habla de abundancia y de la providencia de Dios.  Nos hace recordar que estamos también invitados al banquete. 

 

El Evangelio pone el banquete en contexto.  Es un banquete de bodas para el hijo del rey.  Podemos imaginar todas las preparaciones, los meses antes, durante los cuales los sirvientes estaban ocupados con las detalles.   La noticia de la boda estaba  proclamada en toda la nación.  Los invitados hubieran preparado con mucho cuidado y anticipación.  Nos encanta la idea de una boda, y esta boda era de suma importancia.  Uno pudo imaginar cómo sería sentarse en la mesa con los recién casados, famosos, ricos y generosos.       

 

Sabemos que la cultura de Israel era muy susceptible a las cosas del honor y de la vergüenza.  Dentro de esta realidad, se puede imaginar cómo sentía el rey cuando aprendió que nadie quería asistir a su banquete.  Los primeros invitados rechazaron;  los demás invitados igual.  Al final el rey mandó a sus criados a invitar a cualquier que se encontró en el camino, bueno o malo.  Pero el insulto siguió cuando llegó alguien sin traje de fiesta.  El pobre rey no pudo aguantar más el desprecio de su gente. 

 

En el círculo religioso del tiempo de Jesús, todos sabían que el reino de Dios estaba presentado como un banquete de boda.  El pueblo judío consideraba la alianza sellada con ellos por Dios en Sinaí como una boda entre Israel y Dios mismo.  La llegada del Mesías se esperaba como una renovación de la alianza de boda.  Rechazarle al Mesías era rechazar la invitación al Reino.  En la parábola, Jesús habla con los sumos sacerdotes y los maestros de la ley.  Esta es la clase de gente que estaba invitada y quienes aceptaron la invitación.  Son ellos que habían prometido fidelidad al único Dios verdadero.  Son ellos que se comprometieron a llevar una vida de justicia y de rectitud.  Son ellos que tenían la carga de hacer manifestar la compasión y misericordia de Dios. 

 

Pero por su comportamiento, su manera de vivir, y sus acciones, era claro que estos maestros y sacerdotes no actuaron de acuerdo con la invitación que ellos habían recibido.  Podemos decir que eran ellos que llegaron al banquete sin un traje de fiesta.  Estaban presente, pero no como reflejos de la bondad de Dios. 

 

Sabemos que por medio de nuestro bautismo, estamos invitados a la boda del Señor, al Reino de Dios.   Recibimos una ropa blanca que significa nuestro compromiso a vivir de acuerdo con la dignidad de nuestra vocación, de llevar una vida de fidelidad, de compasión, de misericordia de generosidad, y de amor.  Renovamos este compromiso cada vez que recibimos la Santa Comunión.  Nos acercamos al banquete, saciándonos con la abundancia de la mesa del Señor, para después ofrecer esta misma abundancia a los demás.

 

Hoy es buena oportunidad para dar gracias por la abundancia de las bendiciones que ya recibimos.  Nos llenamos de gracias por nuestro bautismo, nuestra fe, y la invitación continua de acercarnos a la mesa del Señor en la misa.  Y pedimos la gracias de mantenernos fieles, llevando nuestra ropa de boda como símbolo de nuestra elección por Dios. 

 


"Sr. Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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