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Palabras para Domingo Archivo

08.02.20

 

Isaías 55: 1-3

Romanos 8: 37-39

Mateo 14: 13-21


En este momento de la historia, la realidad de la pobreza nos rodea.  Conocemos a tantas personas que han perdido su trabajo; a tantos  que no pueden salir a trabajar por las necesidades de sus hijos;  a tantos que viven con miedo porque no hay entrada para pagar la luz, la renta, o peor los gastos médicos.  Vemos la valentía de esta genta, y seguro sentimos compasión.  Pero nos queda la pregunta, ¿Qué podemos hacer? 

 

Que suerte que nos tocaron estas lecturas en la misa hoy.  Son lecturas que nos hablan de cómo reacciona Jesús frente a las necesidades de la gente.  Leemos que Jesús, al escuchar de la muerte de Juan Bautista, se pone triste y busca un sitio apartado.  La gente, sin embargo, no le deja solo.  Ellos están buscando algo de El- la predicación, tal vez, pero casi más seguro, alivio de sus problemas.  Y Jesús, en vez de molestarse que la gente no le deja en paz, siente lástima y sana a sus enfermos. 

 

Lo que sigue en la lectura nos asusta aún más.  Los discípulos saben que no hay comida para tanta gente.  Ya habían averiguado que había solamente cinco panes y dos peces.  Pero Jesús no se deja limitar por lo poco que hay.  Leemos en el Evangelio lo mismo que leemos en la misa.  “Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, y partió los panes”.  Lo que aprendemos es que en el Reino de Dios, siempre hay abundancia si nosotros sabemos compartir.   Aprendemos que estamos todos invitados al banquete de la plenitud.  Lo único que falta es nuestra participación en el trabajo.

 

Es interesante que el Evangelio no diga nada de la predicación.  San Mateo no nos dice que Jesús compartía con la gente en palabras, solo que se dejó llevar por la miseria de la gente.  Simplemente vio lo que les faltaba y respondió con compasión y abundancia.  Este gran número de personas comió bien, y sobró doce canastas de pan.  Nadie había pedido pan.  Jesús actuó como Dios- compasivo y listo para responder a las necesidades de los pobres, mismo cuando no saben como pedir. 

 

Y allá termina la lectura.  No sabemos como reaccionó la gente.  No sabemos si han visto una manifestación del amor de Dios o solamente un acto de compasión de un profeta.  Y no importa.  Lo importante es que para siempre, hasta dos mil años después, tenemos este ejemplo del amor y compasión de Jesús.  Sabemos que en este instante, Jesús no hizo caer pan de cielo, pero más bien hizo que la gente compartiera de lo poco que tenían.   Y con este compartir, había suficiente para dar a comer a la multitud. 

 

Hay muchas maneras de compartir.  Claro que estamos llamados a compartir con la gente que pasan hambre.  Pero el amor de Dios se demuestra con otros actos de generosidad también.   Por ejemplo, compartir una palabra de aliento a los aislados; compartir una llamada de teléfono con un vecino enfermo; compartir su tiempo con niños abarridos por la pandemia; compartir sus oraciones por los enfermos;  compartir su presencia con una comunidad aplastada por los efectos del virus. 

 

El ejemplo de Jesús nos impulsa a reconocer las necesidades de otros y responder con generosidad.

 


"Sr Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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