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La Santísima Trinidad

Proverbios 8: 22-31

Romanos 5: 1-5

Juan 16: 12-15


El Evangelio hoy empieza con estas palabras de Jesús, “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender.  Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los ira guiando hasta la verdad plena…”  Estas palabras eran dirigidas a los primeros discípulos, pero también son dirigidas a nosotros.  Hemos recibido los sacramentos de Bautismo y Confirmación, pero todavía no somos capaces de entender los misterios de la vida y de Dios.  Es solamente con tiempo, meditación, y estudio que poco a poco Dios nos revela sus secretos, según nuestra capacidad. 

Tenemos la promesa  de Jesús, que el Espíritu nos guiará hasta la plena verdad.  No quiere decir que vamos a entender todo, sino que tendremos lo que necesitamos para vivir envuelto en el amor.  Vamos a entender la fuerza y poder de amor; vamos a captar el secreto de la fidelidad; vamos a vivir con esperanza; y vamos a seguir seguros en nuestra fe.     

Entonces, hoy no vamos a entrar en un estudio teológico de la Trinidad.  Es imposible y de veras no va a cambiar mucho nuestra vida.  Lo que si nos puede inspirar y guiar es pensar en como Dios demuestra este gran amor que nos tiene.  Vemos un Dios que nos rodea desde el primer momento de la vida con una familia que solo vive para recibirnos con cariño y afección.   Dentro de la familia, Dios es semejante a los papás que están contentos en dar toda su atención a los hijos.  Vemos una imagen de Dios en los esfuerzos que hacen los papás para proteger a sus hijos de los dolores y sufrimientos de la vida.    Y no es solamente cuando los hijos son pequeños.  Reconozcamos la confianza que Dios nos tiene cuando vemos a los papás que permiten que sus hijos salgan de la seguridad de la casa para encontrar su propia vida en el mundo. 

Encontramos un reflejo del amor de Dios en una esposa que va madurando a una medida distinta de su marido, pero que sin embargo sigue fiel y paciente.  Vemos un reflejo de  Dios en un marido que se sacrifica trabajando día y noche para que su familia tenga las necesidades de la vida.  Hay otro reflejo de Dios en la generosidad de los abuelos que se dedican a sus nietos, yendo  a sus deportes y presentaciones de la escuela.  Vemos un reflejo de Dios en los hijos adultos que invitan a sus papas a vivir con ellos cuando ya no pueden cuidarse solos.

Decimos que la Santísima Trinidad vive eternamente en una comunidad de amor.  Vemos nuestra comunidad aquí en la Iglesia, apoyando a las familias que han perdido a un ser querido, pasando tiempo con ellos y ofreciendo comida y oraciones.  Vemos tantas y tantas personas visitando a los enfermos e invitando a los que viven solos a sus casas para cualquier celebración.  Vemos individuos que dedican horas y horas a los niños de la comunidad guiando sus deportes y vigilando su seguridad.  Vemos esta comunidad movida a la compasión activa por los desastres que llegan a gente en otros países. 

Tal vez no entendemos bien el misterio de la Trinidad en términos teológicos, pero creo que si, lo entendemos muy bien en su manifestación de comunidad y en su capacidad de vaciarse por el bien del otro.  Dios les bendiga en este día tan magnifico.
 


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