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CUARESMA V

3.21.2021

Jeremías 31: 31-34

Hebreos 5: 7-9

Juan 12:  20-26


 

Estamos llegando al final de la Cuaresma y las lecturas hablan de los últimos días de la vida de Jesús.  Por ejemplo, al leer las palabras, “Ha llegado la hora,” pensamos en la hora de la muerte de Jesús.  En verdad, estas palabras nos ofrecen este sentido, pero según san Juan, ellas tienen un sentido muy distinto, es la hora de la glorificación de Jesús.  No es tanto la hora de la muerte de un hombre inocente, sino la hora en que empieza una nueva vida para nosotros.  Estamos tan acostumbrados a escuchar estas palabras, que tal vez ya hemos perdido su sentido.  Es una declaración de vida, de salvación, de unión con Dios en una manera no antes imaginable. 

 

Para san Juan, toda la vida de Jesús debe ser vista desde la perspectiva de la Resurrección.  Por esto, el evangelista no entra en gran detalle a describir los sufrimientos de Jesús, la agonía en el huerto, la angustia mental indecible, la pasión, ni las últimas horas de Jesús en la cruz.  Todo el sufrimiento se debe entender como una parte del drama por el cual Jesús es glorificado y así poder cumplir perfectamente con la voluntad de Dios. 

 

Esta nueva vida que tenemos por medio de esta glorificación de Jesús se puede ver reflejada en la primera lectura que habla de la nueva alianza que Dios hace con la casa de Israel y la casa de Juda, o sea con toda la gente.  Es una alianza nueva, escrita en el corazón de cada persona, una alianza extraordinaria que resulta en un cambio interior.  No queda fuera de la persona, sino en la intimidad del corazón, donde nos lleva a una transformación completa.  El profeta Jeremías proclama: “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.  Es un lenguaje de novios, un lenguaje que promete fidelidad, un lenguaje que depende solamente del amor misericordioso y fiel de Dios. 

 

En el Evangelio, cuando Jesús proclama: “Ha llegado la hora…”, debemos entender que es una renovación de esta alianza, ahora manifestada en su plenitud.  No hay más que Dios pueda hacer para nosotros.  Jesús es el cumplimiento de esta promesa.  La alianza alcanza su perfección con toda la humanidad, no solamente con los judíos, sino también con los griegos y toda la gente que había viajado a Jerusalén para la celebración de la Pascua.  En nuestros días, debemos entender que también incluye a cada uno de nosotros, los bautizados en Cristo.    

 

En este Evangelio también escuchamos la voz de Dios proclamando, “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.”  Dios está presente, hablando no por la persona de Jesús, sino para la gente alrededor.  Para la persona humana es difícil, y muchas veces imposible, entender que el sufrimiento es parte del proceso de la salvación.  El dolor, la muerte, la confusión de la vida- todo esto parece absurdo.  Sin embargo, Jesús lo acepta como parte de su camino a la fidelidad, y nosotros también, tenemos que aceptar nuestra propia realidad de la vida. 

 

Nosotros tenemos esta linda promesa de la nueva alianza, hecha entre Dios y cada uno en la intimidad de nuestro corazón.  Como Jesús, tenemos que entregarnos completamente a Dios, con los dolores y las penas de la vida.  Escuchamos hoy que ha llegado la hora.  ¿Estamos listos para aceptar la llegada del Reino?

 


"Sr. Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


 

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