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2.14.2021

Levítico 13:1-2, 44-46

1 Corintios 10: 31-11.1

Marcos 1: 40-45


 

A nosotros en el siglo veintiuno, nos parece muy duro el trato de personas leprosas en el tiempo de Jesús.  Pero como esta enfermedad se consideraba contagiosa, la ley de Levítico tenía el propósito de proteger a la comunidad.  Lastimosamente, las instrucciones en el libro de Levítico hizo del leproso un excluido de la sociedad humana.  No pudo estar con su familia ni acercarse a la gente sana.  El pobre enfermo no tenía el apoyo de sus familiares al momento cuando más lo necesitaba.   Y seguro que el dolor se intensificaba al ver que nadie se preocupaba de él.  Poco a poco, el leproso iba perdiendo esperanza. 

 

Vemos algo interesante en la pedida de este hombre a Jesús.  El había escuchado del poder milagroso de Jesús, y sabía que Jesús se interesaba en los excluidos.  Se dio cuenta de que este predicador pasaba tiempo con los que nadie más pensó de valor.  Entonces, el leproso tuvo el coraje de acercase a Jesús.  Pero no estaba seguro de la voluntad de Jesús.  Su auto-estima casi no existió, y pensó que su enfermedad le dejo fuera de la compasión de los hombres.  Entonces, su pedida es así, “Si quieres, puedes curarme.”  No dice “Si puedes, sino si quieres”. 

 

Vemos la respuesta de Jesús.  No solamente dice las palabras, “Si, quiero”, sino extendiendo la mano, lo tocó al leproso.  Por esta acción, Jesús simbólicamente le hizo entrar de nuevo en la comunidad humana.  Este acto de Jesús es una revelación de la compasión de Dios para los excluidos, y celebró el poder divino de sanar las enfermedades del cuerpo.  Jesús entró en la situación del hombre enfermo y dejo trabajar el poder de Dios  Era un acto de compasión, de sentir el mismo dolor de otra persona  y aceptar esta parte de la condición humana.

 

El camino hacia esta clase de compasión no es fácil.  La vida nos separa por tantas maneras: por el color de la piel, por el idioma, por la religión, por la condición física, por la inteligencia, por la pobreza, por el vecindario, y por países.  Aprendemos de la cultura que podemos confiar en los que están semejantes a nosotros, pero debemos tener miedo a los que son diferentes.  Sin embargo, el ejemplo de Jesús nos llama a otra manera de entender la vida.  Jesús nos enseña que debemos extender la mano y ofrecer palabras de aliento y apoyo a los excluidos.  Debemos ver más adentro de las apariencias físicas para ver la humanidad que compartimos. 

 

El Papa Francisco dijo que para vivir como verdadero cristiano, uno tiene que salir de su rutina, correr riesgos y conocer la realidad de la vida.  Dijo:

 

“Quien no se pone en camino, jamás conocerá la imagen de Dios, jamás encontrará el rostro de Dios. Los cristianos sentados, los cristianos quietos no conocerán el rostro de Dios: no lo conocen. Dicen: ‘Dios es así, así…’, pero no lo conocen. … Para caminar es necesaria esa inquietud que el mismo Dios ha puesto en nuestro corazón y que te lleva adelante a buscarlo”.

 

Para vivir la compasión de Dios, tenemos que encontrarnos con los excluidos de la comunidad y compartir su dolor.  Solo así, podemos actuar como Jesús, extendiendo la mano y tocando a los que viven fuera de la compasión de la comunidad. 

 


"Sr. Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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