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1.26.2020

Isaías 8:23-9:13

Corintios 1:10-13, 17

Mateo 4:12-23


Parece que poco después de que Jesús empieza su vida pública, los eventos se ponían mal. Juan estaba predicando y anunciando que el Reino de Dios estaba cerca. Herodes estaba torturado por el miedo – miedo que otros, hasta sus familiares, estaban planeando maréele o quitarle el poder. Sabía que Juan había capturado la imaginación de la gente y que estaba anunciando la venida de otro reino. Herodes hizo todo lo posible para eliminar cualquier amenaza a su posición. Y Juan presentaba una amenaza real. Entonces Herodes arrestó a Juan.

Se puede imaginar la angustia que sufrió Juan. Él había vivido en el desierto; ahora se encuentra en la cárcel. Su voz fuerte que había condenado a los pecadores y dio esperanza a los pobres, ahora se queda callada. Su mensaje que había llegado a tanta y tantas personas ya no se puede escuchar. Vemos que las autoridades hicieron lo que siempre hacen cuando se encuentran amenazadas – quitan la voz de los que los critican.

En tales circunstancias, tal vez pensamos que el camino prudente para Jesús hubiera sido escapar del poder de Herodes y esconderse en un lugar seguro. Pero Jesús hace todo lo contrario. El sale de Nazaret para establecerse en Cafarnaúm, en pleno territorio de Herodes. Jesús no se deja controlar por el miedo. Su misión es lo que le guía y lo que dirige sus pasos. Ahora escuchamos el mensaje de Juan predicado por la voz de Jesús: “Conciértense, porque ya está cerca el reino de los cielos”. El mensaje no se puede encarcelar.

Juan había pasado su vida en el desierto y la gente tenía que salir de sus pueblos para escucharle. Ahora, Jesús está llevando el mensaje a las aldeas y a los pueblos de toda Galilea. Jesús está ofreciendo este mensaje de esperanza a todos, hasta a los que no saben que lo necesitan. La Buena Nueva es para todos – los que hacen esfuerzos para buscarla y los que ni se dan cuenta de su necesidad. Jesús no espera que la gente se acerque a Él: Él va buscando a todas sus ovejas perdidas.

Vemos que Jesús se da cuenta de que no puede cumplir esta misión por sí mismo. Necesita colaboradores y va buscándolos en el lugar donde están. No son gente preparada. No son de la clase privilegiada. No son de los sacerdotes. Son pescadores sencillos.  Pero Jesús ve que tenían un corazón abierto y la capacidad de correr riesgos para la misión.

Hoy en día, Jesús sigue el mismo camino. No se contenta de quedarse en lugares seguros, lejos de peligro. Más bien quiere andar entre los pueblos y aldeas donde hay gente anhelando la Buena Nueva. Y sigue buscando colaboradores entre la gente sencilla. Nosotros estamos en esta categoría. Para proclamar la Buena Nueva, lo más necesario es un corazón abierto y la capacidad de correr riesgos en la proclamación del mensaje.

Aquí en la misa, vamos a pedir la gracia de tomar en serio la invitación de Jesús y la determinación de entregarnos a la misión.


"Sr Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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