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01.19.20

Isaías 49: 3, 5-6

Corintios 1; 1-3

Juan 1: 29-34


"Este es el Cordero de Dios, el que quita el Pecado del mundo"

Venimos a misa hoy y escuchamos otro relato del Bautismo de Jesús, esta vez según el Evangelio de San Juan. Juan el Bautista utiliza las palabras, "Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo." Que noticia tan increíble. Este Jesús que vino hace mas de dos mil años es el mismo Jesús que sigue viniendo hoy para quitar el pecado del mundo. A veces nos sentimos desalentados por la realidad del pecado: la violencia, la injusticia, la opresión. Pero viene Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. De esa manera, nos alienta para tener confianza y esperanza.

Mañana nuestro país interrumpe su ritmo ordinario para recordar el testimonio y la herencia del Doctor Martin Luther King, gran profeta de la no-violencia. Este héroe dio testimonio con sus palabras, y al final, con su vida al valorar la lucha contra la opresión y la discriminación. El Doctor King empezó su carera como líder de los derechos civiles, hablando contra la segregación que era parte de la vida diaria en este país. Poco a poco, el extendía su mensaje a las causas de la pobreza, y la injusticia de la guerra en Vietnam. Él habló de la luz, de la fidelidad al camino de Jesús, del poder de la no-violencia. Nos dejó una visión de lo posible, basado no en la realidad del tiempo, sino en la promesa de un Dios de amor.

Qué bueno escuchar hoy el Evangelio según San Juan. Vemos que las palabras "Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo" tienen valor en nuestro día, dentro de una realidad que sigue sufriendo por el pecado. Jesús sigue obrando en la vida de cristianos sinceros que se dedican a traer la justicia. El papel de Juan era dar testimonio acerca de Jesús; manifestar a la gente que Jesús era el Salvador; proclamar que el Reino ya había empezado. Los profetas de nuestro día, incluyendo nosotros, tenemos que proclamar lo mismo. Dios es un Dios de justicia, y su reino se manifiesta por medio de la no-violencia.

Sabemos que Jesús mismo encontró mucha violencia en su tiempo- en las leyes opresivas, en las acciones de los romanos, en la opresión dentro de su misma religión. Pero el camino de Jesús iba por otra dirección. No era camino de la espada, del ejército, ni del poder civil. Su camino era el de la fidelidad a la voluntad de su Padre; un camino de inclusión por los pobres y oprimidos de la tierra; un camino de compasión y de misericordia; un camino de amor y del perdón.

Escuchamos una vez mas las palabras de Juan el Bautista: "Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo". Podemos decir que el pecado del mundo es el pecado de la violencia. Vemos la violencia en las leyes que oprimen a grupos minoritarios en la sociedad. Vemos la violencia en la exclusión de varios miembros de la sociedad, ya sea por el color de su piel, su idioma, o su orientación sexual. Vemos la violencia en una economía que premia a los ricos y castiga a los pobres. Vemos la violencia en el abuso a sus esposas e hijos por parte de sus esposos. Vemos la violencia de la venta de armas que deja susceptibles a los inocentes en tantas ciudades del país. Y vemos también la violencia en las masacres de gente inocente, como en los ataques en las sinagogas, iglesias, escuela, y hasta en conciertos.

Hoy tenemos la oportunidad de reflexionar sobre las palabras de Juan el Bautista, dentro de la realidad de la violencia de las calles y la celebración del Doctor Martin Luther King. Vemos que es posible en nuestros días, en nuestra cultura, en nuestras comunidades de vivir según la visión del evangelio. Podemos dedicarnos otra vez al ejemplo de Jesús, que quita el pecado del mundo, que quita nuestra devoción a la violencia. Renovamos las promesas de nuestro bautismo, proclamando nuestro compromiso al camino de la paz y del perdón, al camino de la no-violencia.


"Sr Kathleen Maire  OSF"  <KathleenEMaire@gmail.com>


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