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Homilías DOMINICALES

9.24.17

Isaías 55: 6-9

Filipenses 1: 20-24, 27

Mateo 20: 1-16


 

 

    XXV

Domingo

Ordinario

2017

Las palabras de la primera lectura nos dan una idea para entender el Evangelio hoy.  Dice el Señor, “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos.”   En momentos difíciles de la vida, nos encontramos cara a cara con el gran misterio de Dios.  Lo que pensamos justo, lo que juzgamos bueno, lo que vemos como el camino recto, eso no es siempre lo que Dios hace.  Tenemos que aprender a cada rato que Dios es misterio y que siempre nos sorprende.  No podemos esperar que Dios actué según nuestras ideas y expectativas.  

 

Es así con la parábola del Evangelio. No nos parece justo que todos los trabajadores reciban el mismo sueldo.  Nuestra lógica dice que los que trabajaran más debían de ganar más.  Es la ley de nuestro país, y esperamos recibir pago según nuestras horas de trabajo.  Pero eso no es el punto clave de la parábola.  Jesús nos cuenta que Dios es bueno con todos y generoso con los más pequeños.  Sus palabras nos parecen fuertes, “¿Vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”  Pero nuestra condición humana nos agarra con envidia cuando pensamos que otros reciben más por haber hecho menos.   Nos molesta que los pecadores reciban el mismo trato que nosotros que esforzamos de vivir bien. 

 

Tal vez nos ayuda a pensar un momento en los que estaban esperando hasta medio día y hasta la tarde, esperando que alguien les diera trabajo.  Es semejante a lo que vemos a veces en los campos y en la misma ciudad.  Hay hombres esperando en las esquinas, esperando que un agricultor y un jefe de empresa pasara ofreciendo trabajo.  Generalmente son inmigrantes, sin recursos, dependiendo en lo que ganan día por día.  No es su culpa que no tienen trabajo.  Tienen ganas de trabajar y están dispuestos a hacer los trabajos que nadie más quiere.  ¿Quién de nosotros diría que no merecen un sueldo adecuado por sus necesidades? 

 

Me imagino que cada uno aquí conoce a varias personas que están buscando trabajo, tal vez hace meses y años.  Muchas personas se desanimaron, especialmente los jóvenes.  Sabemos que el nivel de auto-estima va bajando con cada día que uno busca trabajo sin encontrarlo. Vivir con lo poco que uno puede ganar por varias horas de trabajo nos roban de nuestra dignidad.  Especialmente si la persona está casada y tiene niños.  El nivel de desespera se prolonga con cada dia que no hay trabajo.   

 

A veces escuchamos gente lamentando el nivel de crimen, especialmente en las ciudades, pero sabemos que muchas veces el crimen acompaña la pobreza y la falta de educación.  Cuando no hay trabajo, cuando no hay esperanza de conseguir trabajo, cuando un joven tiene mucho tiempo y nada que hacer, hay probabilidad que se mete en el crimen.  También vemos muchos fracasos en matrimonios que tienen raíces en problemas económicos.  Una pareja empieza su vida con confianza, con ilusiones, y con fe.  Pero, si a poco rato ven que no pueden pagar la renta, no pueden comprar ni las necesidades de la vida, y si no tienen dinero para divertirse, es fácil entrar en peleas y culpar al otro por gastos que no están esénciales. La falta de trabajo es la tierra en que crecen muchos problemas sociales.     

 

Creo que esta parábola nos indica que cada persona que está lista para trabajar y que está activamente buscando trabajo merece un sueldo justo.  También los inválidos y ancianos deben poder vivir con dignidad.  No es por el nivel de educación ni por su estatus en un país.  Es porque cada uno es un hijo o hija de Dios con un valor inmensurable.  Como dice Jesús,  “Los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos”

 



Sr. Kathleen Maire

kmaire@verizon.net


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