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Homilías DOMINICALES

13 De Agosto 2017

XIX Domingo Ordinario

Leccionario: 115

1 Reyes 19, 9a. 11-13ª

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

Rom 9, 1-5

Mt 14, 22-33


 

La primera lectura y el pasaje del Evangelio de Mateo del día de hoy parecieran que presentan dos maneras opuestas en que Dios se manifestación o se hace presente. En la primera lectura del Primer Libro de Reyes, encontramos al profeta Elías refugiado en una cueva, a la espera de Dios. Después de la tormenta, los vientos huracanados y el terremoto, Dios finalmente aparece en la forma de una brisa suave. La grandeza y el poderío de Dios no se manifiestan en acontecimientos impetuosos, sino en la suavidad del roce de la brisa. Pero, por otro lado, en el Evangelio de Mateo, ocurre lo contrario. Jesús, en su poder divino, se manifiesta a los discípulos en medio de una tormenta que azotaba la barca en donde estaban los pescadores. En medio de la tormenta, aparece Jesús caminando sobre el agua. Estos dos pasajes nos recuerdan que podemos encontrar a Dios en eventos extraordinarios y estremecedores, pero también en los más ordinarios y aparentemente insignificantes o sutiles.

 

Ambas lecturas nos dicen algo sobre la fe y el miedo. Aunque es natural tener miedo frente a lo desconocido, las tragedias, terremotos, tormentas, enfermedad y muerte, a Dios lo encontramos más allá del temor y de la muerte, susurrando a nuestros oídos las mismas palabras que Jesús dice a sus discípulos temerosos de verlo caminar sobre las aguas: “Tranquilícense, no tengan miedo, soy yo”. La fe consiste en no dejarse paralizar por el miedo. Cuando más vulnerables y frágiles nos sentimos, la fe nos mueve a no dejarnos arrastrar por el temor. La fe nos dispone en una actitud de escucha, una actitud receptiva, para así escuchar la voz de Dios en el interior de nuestros corazones, diciéndonos amorosamente: “No tengas miedo, soy yo”.

 

Dicen que la fe mueve montañas, que con la fe podemos caminar sobre las aguas. Las lecturas de hoy confirma que lo imposible se hace posible cuando nos ponemos en la presencia de Dios, cuando caminamos de la mano de Dios, cuando avanzamos aún a pesar de las montañas y los huracanes de la vida, cuando aprendemos a anticipar la calma que viene después de la tormenta.

 

Les dejo algunas preguntas para reflexionar:

 

·                    ¿Cómo superar tus miedos que te paralizan?

·                    ¿Cuál es esa “brisa suave” en tu vida en donde Dios se manifiesta?

·                    ¿Cómo te dispones a entrar en esa atmósfera de quietud, confianza y tranquilidad a la que Dios te invita?

·                    ¿Y cómo puedes convertirte en una voz de aliento, en una presencia de esperanza, en un signo de confianza para quienes están a tu alrededor, sobretodo para quienes el temor y el miedo los atan?

 

Es tiempo de darnos tiempo para relajarnos y dejar atrás nuestros miedos. Es tiempo de mantener una relación de plena confianza con Dios. Es tiempo de guardar silencio, respirar profundamente, y escuchar la suave y sutil voz de Dios que susurra al interior de nuestros corazones, diciéndonos: “No temas, soy yo”.

 

Fray Ángel F. Méndez Montoya, OP

CIUDAD DE MÉXICO

 


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