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Homilías DOMINICALES

9 De Julio 2017


 

  XIV

Domingo Ordinario

XIV Domingo Ordinario

Zac 9, 9-10

Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14

Rom 8, 9. 11-13

Mt 11, 25-30


 

La mayoría de la gente que seguía a Jesús eran personas sencillas. Algunos trabajan en los campos o con el ganado, otras se dedicaban al trabajo del hogar o a trabajos de servicio para los más pudientes. Unos pocos pertenecían a las elites y grupos privilegiados: rabinos, comerciantes, soldados, uno que otro en posiciones políticas o en puestos de poder. El evangelio de hoy sitúa a Jesús en medio de la multitud diversa que estaba hambrienta y sedienta de escucharlo, de saborear sus palabras. Jesús enseña con palabra y narrativas sencillas, no predica teorías ni abstracciones oscuras. Se concentra en la vida cotidiana, en prácticas y actitudes de la vida diaria, en asuntos que le afectan a las personas.

 

Jesús habla desde el corazón y se dirige a los corazones de la gente. De corazón a corazón nace el  entendimiento. El corazón sabe, a veces supera al intelecto (aunque no lo elimina). Saber es una forma de saborear (sapere, en su raíz latina). Y saborear también es una forma de tocar y ser tocado, de oler, de ver y de escuchar. El corazón sabe, sobretodo cuando ama, porque el amor crea un vínculo muy profundo con lo amado y al sabernos amados. La lógica de Jesús es una lógica que nace del corazón, es la lógica del amor. Para Jesús el amor tampoco tiene que ver con abstracciones irrelevantes. El amor que Jesús expresa es un amor personal, concreto, se encarna en prácticas de la vida diaria. Jesús nos habla desde su propia experiencia de amor filial, el cual lo vincula íntimamente con Dios, a quien llama Abba. El Hijo da gracias al Padre por compartir con el mundo ese mismo vínculo amoroso entre ellos, por compartir este sapere, esta sabiduría exquisita con los demás:

“En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.”

 

En realidad, todos, sin exclusión, somos invitados a participar en este banquete de sabiduría y amor filial que Jesús nos comparte.  Pero es frecuente encontrar “expertos”, los que se hacen llamar “sabios y entendidos”, pero que se tropiezan por puntos ciegos. La teología, por ejemplo, frecuentemente se enfrenta con muros rígidos; con categorías obsoletas e irrelevantes; con dogmas estancados en actitudes arbitrarias, aplastantes, excluyentes y violentas; encerrados en armarios llenos de miedo y frustración. Cuando en realidad, la teología es un ser y quehacer que nace del corazón, y que libera, que rompe muros y crea puentes, que es siempre fresca y novedosa. La teología debe profetizar el amor radical de Dios, que se da, derribando muros, fronteras, divisiones, odios. Por eso Jesús da gracias a su Padre, Señor del cielo y de la tierra, quien sabe infinitamente más que cualquier sabio. Y sin embargo, esta sabiduría no la exhibe para obtener un dominio aplastante. Su sabiduría se comparte, se da sin reservas. El dominio de Dios es el amor compartido, así como lo es su propia expresión. Jesús da gracias porque ese misma sabiduría amorosa que él recibe y saborea, ahora se comparte para el deleite de la gente sencilla. En su raíz más profunda, el ser y quehacer teológico es un asunto que supera cualquier teoría, es una práctica del corazón, es la lógica del amor radical. En realidad, todxs estamos llamadxs a hacer teología. En el fondo del corazón de todxs radica esta vocación teo-lógica. Es la lógica del corazón, su logos es el amor, y ahí está Dios.

 

Fray Ángel F. Méndez Montoya, OP

CIUDAD DE MÉXICO 


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