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Palabras para Domingo Archivo

Palabras para Domingo

11.18.18

 

Daniel 12: 1-3

Hebreos 10: 11-14, 18

Marcos 13: 24-32


 

La primera lectura del día de hoy habla de un tiempo de angustia.  Me hace pensar en los muchos desastres en el mundo y en nuestro país durante las últimas semanas.  Hemos llorado con las familias que han perdido a sus seres queridos en las masacres de la sinagoga de Pittsburgh y en la cantina de California. Nuestro corazón se rompe al ver fotos de niños muertos de hambre de Yemen.  Y sufrimos la angustia de los que perdieron a familiares debido a la violencia en las calles de nuestras ciudades.  Podemos decir que, de una manera, era el final del mundo para muchas de estas personas.    

 

Es bueno preguntarnos lo que quiere decir las lecturas de hoy.  En la tradición de los judíos, había varias creencias acerca del final de los tiempos.  No estaban hablando del fin del mundo, sino del fin de la época de pecado.  Creyeron que vendrá el día cuando la gente iba a vivir según la voluntad de Dios.  Algunos estaban esperando la llegada de esta época con la venida de un sacerdote, otros con alguien de los cielos, y otros con un misterioso “Hijo del Hombre”.  Pensaron que el cambio seria acompañado por un tiempo de sufrimiento.  Entonces, lo que leemos es un lenguaje apocalíptico que explica el proceso de pasar de un tiempo a otro.

 

En la lectura del libro de Daniel y también en el Evangelio, a pesar del cataclismo, los justos llegan a quedarse con Dios.  Para nosotros, es un buen mensaje hoy en día.  Muchos se preguntan si hay sentido de los eventos que ocurren- la maldad, la guerra, el hambre, la esclavitud, la destrucción de la naturaleza, la muerte de los inocentes.  Mayormente, todos pasamos ratos cuando estas preguntas nos molestan mucho.  Necesitamos el consuelo y ánimo de las lecturas que nos dicen que al final de cuenta, estaremos con Dios. 

 

Como católicos, creemos que la nueva época empezó con la llegada de Cristo que recordamos durante Adviento  y la Navidad.  Pero esta nueva época llega a su plenitud solamente cuando nos abrimos a su poder.  Cada vez que reflexionamos en nuestra debilidad, a pesar de las tribulaciones, entramos otra vez en la nueva época, donde reina la justicia y la paz.  Esta nueva época ocurre no a cierto momento según nosotros, sino como un desarrolla de nuestra fe y nuestra esperanza, según la voluntad de Dios.  Por lo tanto, debemos tener la seguridad de que Dios está presente y su poder es más fuerte que cualquier fuerza del mal. 

 

Algunos teólogos dicen que estamos llamados a dos acciones proféticas.  Primero debemos pedir la gracia de lamentar el mal que vemos en el mundo; y segundo, pedir la fuerza para  NO cerrar los ojos y aguantar la injusticia.  Como cristianos, tenemos que gritar fuerte contra el abuso, la explotación y la negación de derechos de los pobres.  Esta lamentación debe expresarse en oraciones y acción cívica.  Es por eso que  nuestra participación en la comunidad cívica es importante.  No es suficiente votar cada cuatro años.  Debemos hacer escuchar nuestra voz en cuanto a las leyes que afectan a los excluidos y necesitados de la comunidad. 

 

La otra acción profética es de proclamar la Buena Nueva.  Hay que proclamar la acción de Dios en favor de la gente sin voz.  Entonces, cuando vemos que los cristianos responden a las crisis del momento, debemos levantar la voz en alegría.  Cuando nos hacemos parte de esfuerzos que anuncian que todos pertenecemos a la  familia de Dios, ya sea en las alegrías y tristezas, debemos dar gracias por la comunidad de fe.  Y cuando vemos la bondad de un individuo o un grupo, debemos bendecirla con gran entusiasmo. 

 

Hoy, podemos empezar de nuevo, lamentando lo malo y proclamando lo bueno de nuestra comunidad.   En esta nueva época de justicia, podemos servir como luz en la oscuridad y alegría de la tristeza.  En nuestra época nueva, todos estamos llamados a ser profeta. 

 


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


 

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