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Palabras para Domingo

10.22.17

Isaías 45: 4-6

Tesalonicenses 1: 1-5

Mateo 22: 15-21


 

Es casi imposible evitar el tema de los impuestos en nuestra sociedad.  Muchos se quejan porque los impuestos están tan altos.  Políticamente hablando, el tema lo podemos abordar desde la responsabilidad que todos tenemos de pagar impuestos.  Sabemos que la carga de los impuestos cae muy fuerte sobre los pobres, porque son ellos muchas veces los que tienen menos dinero disponible.  Pero algunos políticos dicen que los ricos no deben pagar más porque su dinero es necesario para la creación de trabajos.  Otros dicen que no, porque si su dinero sirve para crear trabajos, deberíamos tener mucho trabajo disponible para todos.  El debate sigue con mucha emoción e ira. 

 

Vemos en el Evangelio que la cuestión de impuestos no es algo nuevo.  Cuando los fariseos y partidarios de Herodes querían ponerle una trampa a Jesús, utilizaron la cuestión de los impuestos.  En realidad, el interés de los fariseos era engañar a Jesús, no resolver un problema teológico.  En general los fariseos y partidarios de Herodes se odiaban mucho.  Pero se juntaron en su odio mutuo en contra de Jesús.  Entonces, ellos le proponen una pregunta sin salida.  Si él decía que debían pagar impuestos, los fariseos podían decir que Jesús estaba traicionando la idea que los judíos tenían que reconocer solamente a Dios como autoridad.  Si decía que no debían pagar impuestos, los partidarios de Herodes podrían decir que Jesús estaba promocionado una revolución.

 

Con su respuesta, Jesús evita las dos posibilidades.  El les recuerda los beneficios y ventaja del sistema romano como la paz internacional, una economía estable, y buenos caminos, al pagar sus impuestos.  Pero también debían darle a Dios su fidelidad y su obligación de estar abiertos a escuchar a los profetas y su mensaje del Mesías.  Jesús reconoce su hipocresía de los fariseos.  Estos dos grupos presumen ser fieles a los preceptos de Dios, pero no practican la justicia de estar abiertos a la revelación continua de Dios en sus vidas.

 

Lo que es cierto en cuanto al tiempo de Jesús es que la carga de los impuestos era una carga muy pesada para los pobres.  Ellos tenían que aguantar el equivalente a los impuestos federales, estatales, y religiosos.  En una economía donde la gente tenia muy poco dinero, la carga era a veces insoportable.  Muchos tenían que decidir entre comprar comida para su familia o pagar los impuestos.  Lo malo era que el castigo de no pagar los impuestos dejaba sin recursos a su misma familia. 

 

Es evidente que Jesús se esforzaba en cumplir su misión en medio de un mundo de conflictos sociales, políticos, y religiosos.  En ocasiones, escuchamos a la gente decir que la Iglesia existe como una entidad completamente separada de lo que pasa en la calle, en la ciudad, y en el país.  Pero no puede ser así.  No podemos ignorar la injusticia ni el mal trato a la gente por parte del gobierno, por los dueños de impresas o por la misma Iglesia.  El mensaje de Jesús tiene que llegar a los oídos de los que tienen el poder de cambiar la opresión y la explotación de los pobres. 

 

 Todos tenemos una obligación de ser ciudadanos responsables.  Debemos observar la ley, pagar nuestra parte de los servicios que necesitamos y participar en la vida cívica.  Pero tenemos también la obligación de dar a Dios lo que es de Dios.  Y lo que es de Dios es el cuidado a los pobres, a los oprimidos, a los desamparados, a los olvidados, los que sufren, los hambrientos, y los que sufren la injusticia de un sistema que pone más valor en el dinero que en la dignidad humana.  

 

Reconocemos que hoy en día, el gobierno tiene gran parte en esta obligación.  En realidad, la caridad monetaria de las Iglesias no es suficiente para solucionar tantos problemas que existen en nuestro país.  Por eso, tenemos una obligación de asegurarnos que los políticos, de cualquier partido, entiendan que ellos también deben vivir según las enseñanzas de Jesús- un Jesús que se preocupó por el bien estar de los pobres. 

 



Sr. Kathleen Maire

kmaire@verizon.net



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