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Palabras para Domingo

10.21.18

Isaías 53: 10-11

Hebreos 4: 14-16

Marcos 10: 35-45


 

La condición humana se ve claramente en la lectura del Evangelio de hoy.  Los dos hermanos, Santiago y Juan, se acercan a Jesús para pedirle un favor, algo que les parece que merecen.  Quieren puestos de honor en el Reino.  Es evidente que están pensando en un reino como del que están tan acostumbrados.  Están anticipando el momento cuando Jesús saldrá como líder del pueblo de Israel, sacando a los romanos e instalando a sus discípulos como gobernantes.  Estos dos hermanos se adelantan en pedir a Jesús lo que los demás también quieren.  Como resultado, vemos que los demás se indignaron contra Santiago y Juan. 

 

En las acciones de los discípulos, vemos la ambición para el poder político, la envidia que existe entre ellos, y la falta de entendimiento de la misión de Jesús.  Por más que Jesús habló de su muerte y Resurrección, los apóstoles en enfocaron en puestos de poder.   No podían captar el sentido del Reino en términos fuera de los que hayan visto en el mundo de dominación y opresión.  Tal vez no quiere entender lo que Jesús dice de su muerte.  Pero la visión de Jesús es otra.  San Marcos dice que Jesús contesta a los discípulos, hablándoles de bautismo. 

 

Es interesante porque Marcos menciona el bautismo solamente dos veces en su evangelio.  La primera vez era el mismo bautismo de Jesús, y ahora cuando Él invita a los discípulos de seguir sus pasos.  El camino que escogió Jesús era el camino de servicio, y los que siguen a Jesús no pueden escoger otro camino.  Es en el servicio que uno puede reconocer el verdadero sentido de Jesús.  Dice Jesús: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueñas y los poderosos las oprimen.  Pero no debe ser así entre ustedes.  Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, puesto que el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”.

 

Lo que vemos en el Evangelio es lo que vivimos hoy en día.  Muchos cristianos quieren lugares de honor y poder.  No importa que sea muy pequeña su área de influencia, la condición humana nos empuje a querer el premio.  Vemos esto con niños en la escuela, en los deportes y en los concursos.  Como adultos, es importante tener un título o tener un puesto donde se puede encargarse de los trabajadores.  Y mismo en la Iglesia, bajo el pretexto de ser humilde, a veces la gente busca reconocimiento del párroco o de los demás fieles.   Tenemos que aprender la misma lección que aprendieron los discípulos.  Nuestro bautismo nos llama a una vida de servicio y fidelidad.  Y más difícil todavía, este camino nos lleva al sufrimiento. 

 

¿Qué es ser servidor hoy en día?  Creo que cada vez que una pareja tiene un niño, aceptan por lo menos 20 años de vivir en servicio con esta nueva criatura.   Y esta responsabilidad se multiplica con cada niño.  Los hombres y mujeres que trabajan para ganarse la vida, pagar la renta, y compartir las necesidades de cada día para la familia, ellos también llevan una vida de servicio durante años y años.   Los que visitan a los enfermos y leœs llevan la santa comunión, este equipo que tenemos aquí en la parroquia, es un ejemplo de servicio a los necesitados de nuestra comunidad.  Las personas generosas de la parroquia que se dedican a cocinar, servir la comida, y limpiar después de las celebraciones, ellos también son ejemplos de servicio en nuestra vida.   

 

Cada uno de nosotros estamos llamados por medio de nuestro bautismo a vivir una vida de entrega y de servicio.  Seguimos fiel no porque tenemos promesas de puestos de honor y de poder, sino porque estamos invitados a una relación de amor con el Dios de toda bondad.

 


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


 

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