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Palabras para Domingo

7.30.17

1 Reyes 3: 5-13

Romanos 8: 28-30

Mateo 13: 44-52


 

Imaginemos que en un momento Dios nos diera la misma oportunidad que ofreció al rey Salomón, “…pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”.   ¿Cual seria nuestra respuesta?   Probablemente nos vendría a la mente la salud, la protección, o la felicidad de alguien en la familia.  O tal vez el bien de nuestra comunidad o pueblo.  O en un momento de inspiración, la paz en alguna familia o de nuestro país de origen.   Es difícil responder ante tal pregunta.  Pero la respuesta de Salomón le agrado a Dios, porque el había pedido algo por el bien de su pueblo. 

 

Salomón había pedido sabiduría de corazón.  Me parece que es algo que debemos nosotros pedir cada día.  Sabiduría de corazón es la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo verdadero y lo importante como el bien que es pasajero.  Es la capacidad de ver la totalidad de la vida y entender lo que es de suma importancia.  Es como un tesoro de mucho valor, escondido en nuestro corazón.  

 

La idea de un tesoro capta la imaginación de la gente, sea en el tiempo de Jesús, al igual que en nuestro tiempo.  Nuestra vida con sus dificultades necesita una razón que motive todas nuestras actividades, que las impulse y las ilumine.  Este es el tesoro que Jesús menciona en la primera parábola de hoy.  Parece que la gente ha entendido muy bien que el tesoro era el reino de un Dios que les ama.  Este mismo descubrimiento sigue trayéndonos alegría, dándonos sentido, y animándonos en la lucha diaria.  Es el tesoro que nos sirve ahora, ayudándonos a ver las bendiciones de cada día.  Es el tesoro que nos permite abrazar la felicidad, a pesar de todas las dificultades de la vida. 

 

Es la misma lección que encontramos en la historia de la perla fina.  Es algo de tanto valor que estamos dispuestos a vender todo para comprarla.  Imagínense lo que esta historia significo para los oyentes de Jesús.  Para ellos, la religión era una carga pesada, una serie de leyes y mandatos que mayormente les excluía de la gente predilecta.  Ahora viene Jesús diciendo que no es así.  El Reino de Dios, el descubrimiento de Dios Padre, es semejante a encontrar un tesoro y una perla fina.  Es un camino a la felicidad.

 

Entendemos que encontrar un tesoro escondido en un campo o una perla fina no es el final del cuento.  Para comprarlo, uno tiene que vender lo que tiene para conseguir el dinero necesario.  Hay que dejar atrás cosas que tienen menos valor.  Hay que cambiar lo que antes era importante para tener algo más valioso.  Hay que hacer un cambio en la vida, dejando algo atrás para recibir algo mejor. 

 

Es así en nuestra vida.  Para abrazar el reino de Dios, tal vez seria necesario dejar algunas actividades para tener tiempo para leer la Biblia, visitar a los ancianos, compartir con un vecino enfermo, o invertir tiempo ayudando a un compañero necesitado.  Es solamente la sabiduría de corazón que nos permitirá ver claramente lo que es más importante.  Pero viviendo con esta sabiduría nos da la posibilidad de vivir lleno de alegría, como el que compro el campo con el tesoro escondido.  La verdadera alegría siempre acompaña la sabiduría de corazón.   

 



Sr. Kathleen Maire

kmaire@verizon.net



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